Póker

Esa noche a la mesa éramos cinco
jugadores: Padge, Kieran, Neal y yo
y tío Charlie, tendido en su ataud.
Le tocaba una mano a cada vuelta,
por turnos apostábamos por él
y tanto eran ganancias como pérdidas:
¿para qué iba a querer unas monedas?
¿Algo querría ganar más que la vida?
Pero cinco jugamos esa noche
y era de día ya cuando paramos.
Le dejamos las cartas esperando
que no se olvidará nunca del juego
de esa noche y Padge, Kieran, Neal y yo
desandamos la senda a nuestras camas
para dormir hasta enterrarlo y luego
volvimos a jugar hasta aceptarlo:
con tío Charlie se fue la buena mano.

*

 

MATTHEW SWEENEY
versión de Aurelio Asiain

Aquí, el original y la lectura del poeta.