El blog de Aurelio Asiain

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Categoría: escritura

Preparación del banquete

Más comida. “Un bodorrio” es la primera de las tres partes de un romance costumbrista. Describe —apenas describe: es casi solo una enumeración golosa— la preparación del banquete.

UN BODORRIO


El comal está que se arde
de entrantes y de salientes,
arman gresca los muchachos
y arman trajín las mujeres:
se miran en los morillos
colgados trozos de reses,
y trajeron un carnero
para tan grande banquete.
Hay robustos guajolotes
que se engordaron con nueces
y hay a manojos los pollos
y cinco pares de liebres:
por allí baten tamales;
allá se hace el mole verde;
los pulques se confeccionan
por la gente que lo entiende,
y habrá de huevo y de tuna,
de apio y fresas, y con nieve;
por aquí chillan los pollos,
allá suenan almireces;
si las ollas roncan gordo,
alborotan las sartenes,
y se repican los cazos;
las cacerolas alegres
alternan con los metates
do las especias se muelen:
son volcanes las hornillas,
y hay humo y chispas que suelen
remedar de una batalla
la animación que conmueve.
Por un lado, en amplia rueda,
en el suelo se aparecen
los que parten los piñones
y los que parten las nueces;
Por el otro, palo en mano,
batiendo se desfallecen
los que la clara de huevo
tornan en turrón de nieve;
por allá pulcras pollitas
con leve mano guarnecen
los platones de cocada,
los gratos antes de leche,
y, con cucharón en mano,
desmelenada y con fiebre,
la directora de escena
frente al brasero aparece
como el genio de los guisos,
como un general en jefe
que grandes planes realiza
y que grandes masas mueve.

Iluminación ilustrada

Anoté hace años cómo el upāsaka Ch’ang Chiu-ch’en (張九成) ponderaba en el escusado un koan cuando oyó croar una rana y despertó:

春天月夜一聲蛙
撞破乾坤共一家

Noche de luna en primavera. Croa una rana.
Hace añicos el cosmos: lo vuelve una familia.

* * *

Encontré la anécdota y una versión en inglés del poema en The Golden Age of Zen. Zen Masters of the Tang Dinasty de John C. H. Wu, Yangmingshan, Taipei, 1967, pero el texto en esta página. Me pregunto si Bashô…

Y Guillermo Sheridan comentó:

Bueno, es muy hermoso el texto, pero el contexto…
Es imposible no establecer santos paralelos causales entre el croar de la rana y el culo que brama; ni entre la rana en su estanque y el sapo en el retrete, y etcétera.
Por otro lado, como ya narré alguna vez, no sé dónde, hablando de la diocesilla Baubo (o Imabe), un pedo a tiempo no sólo salva al mundo, sino replica, little bang, al cosmos, big bang.

Con lo cual no hacíamos sino comentar, adelantándonos torpemente, el cartón que publicó ayer Jis:

"Otro día". Cartón de ©Jis

«Otro día». Cartón de ©Jis

Adviértase que la última frase en el cartón de Jis, entre la mano izquierda del monje y la onomatopeya entre paréntesis, es una cita de la frase final del más conocido haiku de Bashô: «¡El viejo estanque! / Una rana da el salto. / El sonido del agua». Saque el lector sus conclusiones.

 

Al respecto, Ernesto Hernández Busto me llama la atención sobre esta entrada de Valerio Magrelli en su Ch’e cos’è la poesia, abecedario:

U de Urgencia

Prefiero esta palabra a aquella, más desgastada, de “inspiración”. “Urgencia” indica un movimiento, una presión que impulsa al poeta a escribir en determinado momento, y no en otro. Quizás a alguien el término le pueda parecer inadecuado, por demasiado cercano al universo corpóreo (la pareja digestión-evacuación). Al contrario, el vocablo se recomienda justo por esa cercanía, como han hecho notar muchos escritores.
La analogía entre la poesía y las heces aparece, por supuesto, en las vanguardia, dedicadas al sabotaje y a la mezcla de códigos, pero mucho más sorprendente resulta reencontrarla en un autor post-simbolista como Paul Valéry. Una de sus prosas, titulada Elementos físicos, plantea esta extraña pregunta: ¿por qué razón aquello que sale del cuerpo debería ser más sucio que aquello que ha entrado en éste? Al contrario, rebate Valéry, aquello que echamos fuera debería ser considerado como el purísimo, refinado y sapiente producto de una complicada elaboración.
Y he aquí su desconcertante tesis: “Oh, cuerpo glorioso, ¡algún santo debería mostrar amor por tu mierda! Mientras aún está dentro, es sagrada como si fuese una parte del Yo, y cuando digo ‘yo’ ella también está incluida. Luego se hace notar dentro de mí y se vuelve imperiosa. Un extranjero por expulsar. Y sin embargo sigue siendo MI criatura, mi obra más importante”.
He traducido como “mierda” la palabra francesa “fiente” porque los otros sinónimos están todos en plural (heces, excrementos) y no cubren la singularidad de la producción orgánica que el autor pretende subrayar (“MI criatura, mi obra”) al escoger, sobre todo, el género femenino. Pero nadie, probablemente, ha llegado tan lejos como para parangonar el producto poético con el escatológico, el objeto más sublime con el más vulgar. Y todo esto bajo el signo de la urgencia, o sea, del súbito reclamo de una materia que escapa, empuja y pide prepotentemente ver la luz.

 (Traducción de Ernesto Hernández Busto que tomo de aquí, donde hay más).

Teodoro González de León, Yokohama, 2005

Teodoro González de León, Yokohama, 2005

Yokohama International Port Terminal:
http://www.arcspace.com/features/foreign-office-architects/yokohama-international-port-terminal/

Pasta en 15 segundos

Pesto

Un documental de Werner Herzog

De nada pueden presumir los humanos

“En cuanto hubo amanecido, los monos partieron, en efecto, a la búsqueda de melocotones, frutos, hierbas aromáticas y raíces dulces. Recogieron, además, orquídeas, crisantemos y toda clase de flores exóticas y adornaron con ellas la enorme mesa de piedra que había junto al muro principal de la mansión. Fue allí exactamente donde tuvo lugar el rutilante convite de despedida. El aroma de los vinos se confundía con el de las cerezas, rojas de madurez y de lúbrica tentación, y el de las ciruelas de fina piel y pulpa dulce. A su lado se veían ramas de lechíes, algunas todavía en flor; espléndidas peras doradas, que recordaban, por su forma, cabezas de sonrientes conejos; hermosos dátiles, palpitantes como corazones de pollo recién arrancados; olorosos melocotones, dulces como el mismísimo elixir de la vida; fresas cargadas de acidez y dulzura al mismo tiempo, que traían a la memoria el ambiguo sabor de ciertos quesos y la mantecosa suavidad de la nata; inmensas sandías, cargadas del rubor de doncellas de su pulpa y de las lágrimas de azabache de sus semillas; sabrosísimas granadas, que, una vez abiertas, parecían extraños seres preñados de rubíes; “espléndidos racimos de uva, que se convertían en mosto nada más tocarlos, ahogando en su zumo, como el vino, la sed y la ansiedad; naranjas pintadas de sol, que rivalizaban en luminosidad con la amarillenta fiereza de las nueces y las almendras; toda clase de frutos, semillas y bayas llenaba, en definitiva, la espléndida mesa de mármol, que se extendía, con coqueta gallardía, paralela al muro anterior de la casa. De nada puede presumir el buen gusto de los humanos, comparado con el que aquel día hicieron gala los traviesos monos de la montaña».

Viaje al oeste (西游记), I
Traducción de Enrique P. Gatón e Imelda Huang-Wang para la Editorial Siruela, 2009.

Constrúyase una casa móvil (por 250 dólares)

El documental de Takayahoshi Honda Cómo construir una casa móvil es una incitación a explorar la obra de Kyohei Sakaguchi, el arquitecto de Zero Yen Houses: un estudio de la arquitectura de las casas de los homeless (nunca peor dicho) de Tokio, sus peculiaridades estructurales, su economía de medios, su sentido artístico y, en último término, la visión del mundo que revelan. Aquí hay una entrevista de hace años: Kyohei Sakaguchi’s Zero Yen Project. Aquí una muestra, con buenas fotografías, de The Zero Yen House and other unimaginable habitats of Kyohei Sakaguchi. Un buen punto para iniciar el recorrido de su red en la red es, creo, la genealogía de su visión que puede verse aquí. Otro, claro, está en clásicos japoneses como Hôjôki

Rente una familia, S. A.

Rent a Family Inc. es un documental de Kaspar Astrup Schröder sobre el director de una compañía japonesa que renta familiares, amigos, colegas con los que llenar, cuando la ocasión lo requiere, los vacíos incómodos y guardar las apariencias. Él mismo cubre los suyos actuando esos papeles, de los que su familia no sabe nada.

Un neolimerick de Zaidenwerg

Había un cirujano de La Plata…

Había un cirujano de La Plata
que operaba vestido de pirata:
«Es que así me relajo
y nunca yerro el tajo»,
argüía el cirujano de La Plata.

*
Del libro de neolimericks que preparan Ezequiel Zaidenwerg y la artista Raquel Cané. Tomado del blog de Zaidenwerg.