El blog de Aurelio Asiain

Todo lo que está aquí ocupa más de 140 golpes de teclado.

Es difícil ser radical

Pablo Heluera

Es difícil ser radical

De Las aventuras de Olmeco Beuys de Pablo Helguera, Jorge Pinto Books, Nueva York, 2010. Disponible en Amazon.

En el aire

Through the misted up window, fog

Through the misted up window, fog

EN EL AIRE


El latido del mar,

                            el vaivén de las olas

en el sueño, la niebla con que escribo.


He sido eterna.


Paso a mi lado de puntillas.

Estoy mejor en el aire.

 

                                            14.11.2010


* * *

Todas las líneas del poema, publicado con otro título aquí, reescriben, y en un caso retoman literalmente, tuits de @soylamuchacha (doy como enlaces los dos primeros; los demás no los han encontrado ni Google ni Analía, a quien le pregunté, salvo en un PDF de Tweetbook que registra las fechas y números aquí entre paréntesis ): 1) “el mar no se sueña. el mar late dentro del cuerpo.” 2) “Uso neblina para escribir”. 3) “He sido eterna”. (Saturday, 2nd of October. 23:04:54). 4) “Camino de puntillas cuando paso por mi lado”. (Friday, 15th of October. 20:48:10). 5) “En el aire estoy mejor”. (Friday, 15th of October. 20:59:32).


Acróstico soneto con historia


1) El soneto

ACRÓSTICO TRAIDOR

Acróstico traidor: no restituyes
una presencia plena y sosegada,
rezagada en Berlín, o en esa nada
escueta pero cierta, de que huyes.

Lenta locura donde a veces fluyes:
inventas una torre abandonada
o la ves desde lo alto y le atribuyes,
ya que no los delirios, la mirada

sin mirada de Hölderlin. Inerte
espejismo de un río que no cesa:
verte apenas. Más bien: apenas verte.

Es cierto que intimida la belleza,
reverso del hastío y la fijeza,
o de la luz certera de la muerte.

 Severo Sarduy
SS

Severo Sarduy

2) La historia



Nos habíamos encontrado en la Feria del Libro de Frankfurt, en 1985, nos habíamos divertido mucho, como siempre, y una noche en la habitación de su hotel Severo había señalado por la ventana hacia lo que según él eran las ruinas de la torre de Hölderlin —que en realidad están en otra dirección y lejos de ahí, a la orilla del Neckar, en Tübingen— y, conmovido primero y exaltado después, había delirado con la idea de que la mirada del poeta se hubiera dirigido alguna vez a donde, dos siglos después de anulados sus ojos, nos encontrábamos. No fue ese el único regalo de la lenta locura en que se deslizaba: también había querido tejerme un affaire con una colega de las Éditions du Seuil cuya mera visión —cómo olvidarla— me dejó, ay, tan estupefacto como incapaz de corresponder al avance. Por eso, en el soneto acróstico que improvisé en el reverso de una postal desde el tren que me llevaba a Berlín, y que envié a París desde la oficina postal de la estación, anoté que “intimida la belleza”. Severo amaba como yo los juegos formales y este —no inédito: está en sus Obras reunidas— es, pues, respuesta a uno mío; que no recuerdo, pues apenas lo retuve unos momentos, y del que absurdamente no guardé copia pero que se exhibió alguna vez en una exposición de sus papeles, en París, hace unos años. No la vi y no sé si lo colocaron junto a su fruto gemelo: el cuento “Solo en Francfort”, dedicado de S. S. a A. A. y escrito en cumplimiento de una promesa de la misma noche, en la lenta locura de un poeta ya enfrentado a la luz certera de la muerte.

27 de marzo de 2009

Versos encontrados en Wallace Stevens

LA GRAN EXPERIENCIA

Ver cómo se disipan en el aire los dioses
disueltos como nubes: nos ha tocado en suerte.
No perdidos un tiempo detrás del horizonte,
ni vencidos por dioses más sabios y potentes:
sino en nada, sin más, resueltos simplemente.

                                Wallace Stevens

Los cuatro alejandrinos españoles traducen muy literal y linealmente un pasaje del ensayo “The Imagination as Value”, de The Necessary Angel:

To see the gods dispelled in mid-air and dissolve like clouds is one of the great human experiences. It is not as if they had gone over the horizon to disappear for a time; nor as if they had been overcome by other gods of greater power and profounder knowledge. It is simply that they came to nothing.

Artoons

Pablo Helguera's

©PabloHelguera

Artoons es el nombre de una serie de libros en que Pablo Helguera caricatura —sí: es verbo, como en Gutiérrez Nájera— los usos y costumbres, hábitos y manías, mentales y parleras, del mundo del arte, o lo que así sin ironía se llama: no el mundo que las obras crean o recrean sino ese por el que circulan en su torno y ausencia, en museos y coloquios y páginas y pantallas, público y críticos y galeristas y marchantes cambiando extravagancias y frases hechas, juicios y disparates. Artoons es también pues el nombre de un género: el de la crónica epigramática ilustrada de la vida de una fauna urbana particularmente abismada en sus espejos y, lo mismo que en toda su obra multiforme, Pablo Helguera —dibujante, compositor, curador, editor, administrador, poeta, teórico, crítico, cronista— es aquí a la vez creador y comentarista, antropólogo y caníbal y vianda en bandeja, con la manzana de la ironía en la boca. Nada extraña, en alguien tan fascinado por los palíndromos, esa ambivalencia. Aquí, una selección mínima de artoons.

La realidad de las palabras de Borges

No es infrecuente que, a propósito del plagio, se citen frases de “Pierre Menard, autor del Quijote” y otras ficciones de Borges sin reparar en que el narrador que las escribe no es el autor del relato sino una figura también ficticia y a veces paródica. Tampoco lo es que se le atribuyan frases que nunca escribió, o que se tomen al pie de la letra opiniones ambiguas, irónicas o francamente bromistas. Vale la pena tener en cuenta lo que dice Kevin Perromat–Augustin en El plagio en las literaturas hispánicas: Historia, Teoría y Práctica, p. 685:

En el imaginario literario posmoderno, hay una figura de autor que destaca por aparecer regularmente en los textos críticos y por la influencia reconocida por los propios autores. En efecto, Jorge Luis Borges ha proporcionado las ficciones emblemáticas de la Posmodernidad: Aleph, Pierre Menard, “La muerte y la brújula”, etc. Los lugares comunes borgeanos presentan los efectos de toda estandarización esperable en la construcción de los topica, ‘bases’ argumentativas y figurativas del discurso. Estos procesos apuntan tanto a una estabilización formal, como interpretativa de los enigmas borgeanos, incluso al precio de la simplificación grosera, cuando no de la tergiversación. La divulgación exige claridad y concesión, con las dosis inevitables de silenciamiento y contradicción, que, en este caso, explican que se haya llegado a adjudicar a Borges posiciones apologéticas extremas del tipo: “Toda la literatura es plagio”. En este tipo de afirmaciones subyace una concepción a lo Bajtìn de “la Lengua —es decir las obras literarias— como un sistema de citas” que si bien no es enteramente falsa, requiere, como mínimo, algunas matizaciones.

La realidad de las palabras de Borges es siempre más comedida e irónica que la necesidad que sienten sus glosadores de evidenciar la paradójica radicalidad de sus propuestas fabulosas. Tomarlas al pie de la letra es tanto como creer en la existencia física del negro homónimo (que resumo, aunque podría citar literalmente, de manera un poco libre como: “el que escribe es el Otro”), revelado por el propio autor en el textículo “Borges y yor”, incluido en El Hacedor. La aporìa “toda la Literatura es plagio” procede —si obviamos las fuentes orales (Borges era un gran conversador y conferenciante)— con toda probabilidad del relato Tlön, Uqbar Orbis Tertius, donde se presenta la posibilidad de una distopía idealista, un mundo monstruoso, Tlön, donde la unidad de las ideas sobrepasa los accidentes materiales, con serias consecuencias para los libros y los escritores:

En los hábitos literarios también es todopoderosa la idea de un sujeto único. Es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo. La crítica suele inventar autores: elige dos obras disímiles —el Tao Te King y las 1001 Noches, digamos—, las atribuye a un mismo escritor y luego determina con probidad la psicología de ese interesante homme de lettres

Borges y groupies

Borges y groupies

Modo de sacrificar el corazón

Modo de sacrificar sacando el coraçón y dando con él en el rostro del ydolo; era el común

«La imagen representa un sacrificio humano. Un sacerdote anónimo sostiene una lanza y preside el sacrificio de un hombre cuyo corazón remueve un ayudante. En el fondo, otro ayudante en las gradas del templo  o pirámide sostiene un quemador de incienso. La ofrenda del corazón de la víctima a los dioses satisface la creencia azteca de que el sol resucitaría alimentado por los corazones humanos. Las «Guerras Floridas» o xochiyaoyotl se emprendían para adquirir las ofrendas necesarias para los dioses.»

Esta y otras imágenes del Códice Ramírez o Manuscrito Tovar pueden verse en gran escala en la página de BiblyOdissey. Puede descargarse aquí un estudio de Luis Leal sobre el Códice publicado en 1953 en la revista Historia Mexicana de El Colegio de México. El Manuscrito Tovar, ‘Historia de la benida de los yndios apoblar a Mexico de las partes remotas de Occidente los sucessos y perigrinaçiones del camino su gouierno, ydolos y templos dellos, ritos y cirimonias … calandarios delos tiempos’ puede consultarse en línea en el Archive of Early American Images de la Biblioteca John Carter Brown de la Universidad Brown.

Diarios de traducción

Edward Seidensticker publicó en 1977 el diario que llevó mientras trabajaba en su traducción del Genji monogatari (la primera completa, pues Arthur Waley, que traducía con flexible liberalidad sin seguir el original, nos escatimó hasta un capítulo completo de la novela) y en el que habla naturalmente de sus métodos de trabajo pero también, y mucho más, de sus desórdenes vitales y muchas otras cosas, como sus conversaciones con Keene, Kawabata y Mishima, sus tremendas borracheras y sus áridas resacas, sus apetitos sexuales y pornográficos y, célebremente, sus desencuentros con la novela de Murasaki Shikibu, que llegó a detestar por momentos: Genji Days.

El Diario de una Traducción: The Corrections, de Jonathan Franzen que redactó Ramón Buenaventura y acabo de encontrar en la red no es en cambio propiamente un diario y se ciñe, con gracia y desenfado pero también con inteligencia, a la descripción de las dificultades de un traductor de una novela contemporánea: dificultades con el texto pero también con el autor, los editores, los representantes.

Un todo está de más, y más que eso

Me sorprendió esta estrofa que reprodujo El blog de Jesús Silva-Herzog Márquez sin comentarios y con el crédito “Lope de Vega, Los locos de Valencia, acto tercero. (En La música de Occidente, de Raúl Zambrano, publicado por El Colegio de México)”.

La música es divina concordancia
deste mundo inferior y del angélico.
Todo cuanto hay en todo, todo, todo es música;
música el hombre, el cielo, el sol, la luna,
los planetas y los signos, las estrellas;
música la hermosura de las cosas.

Me sorprendió por los errores, evidentes en el metro y fáciles de corregir:

La música es divina concordancia
deste mundo inferior y del angélico.
Todo cuanto hay en todo, todo es música;
música el hombre, el cielo, el sol, la luna,
los planetas, los signos, las estrellas;
música la hermosura de las cosas.
Ut, sol, fa, sol, re, mi, fa, sol, re, ut.

Añado la última línea, que completa un parlamento de Mordacho en la escena VI del acto III y la estrofa. La corrección puede confirmarse en el tomo correspondiente de la Biblioteca Rivadeneyra, en el Tesoro del teatro español de Eugenio de Ochoa y en otras ediciones autorizadas.

El error no viene de Jesús Silva-Herzog Márquez sino de la fuente o la propia transcripción de Raúl Zambrano, que repite la versión en uno de los epígrafes del capítulo “Divina y audible” de su Historia mínima de la música en Occidente y en la página de su sitio web dedicada a la música incidental. Llama la atención que los editores de El Colegio de México no lo hayan advertido.

En YouTube pueden verse varios fragmentos de una puesta reciente de la obra por el Centre Teatral de la Generalitat de Valencia.

Es una versión que incorpora por lo visto muchos elementos ajenos al original; entre otros, una cita musical de La pantera rosa y el poema delicioso de Baltasar del Alcázar que aquí transcribo completo.

Tres cosas

 Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso.

 Esta Inés (amantes) es 
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.

 Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión 
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.

 Fue de Inés la primer palma,
pero ya júzgase mal
entre todos ellos cuál 
tiene más parte en mi alma.

 En gusto, medida y peso
no le hallo distinción,
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso. 

 Alega Inés su beldad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y berenjena
la española antigüedad.

 Y está tan en fil el peso
que juzgado sin pasión
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.

 A lo menos este trato
de estos mis nuevos amores, 
hará que Inés sus favores,
me los venda más barato.

 Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón, 
y berenjenas con queso.


Tramposamente

Comentando la entrada anterior de este blog, Luigi Amara insiste en que todo es plagio. Tramposamente.

No, plagio no es un término genérico: designa, desde que fue acuñado hace veinte siglos por Marcial, una copia fraudulenta y ese carácter ilegítimo lo distingue de la alusión, la cita, la glosa, la paráfrasis, la parodia, el pastiche y otras formas de versión textual. Se entiende que Lautréamont lo usara equívocamente para designar, con ánimo provocador, sus procedimientos de subversión del lenguaje poético romántico (utilizando la poética neoclásica de Josef Gómez de Hermosilla, como mostraron Leyla Perrone-Moyses y Emir Rodríguez Monegal en su Lautréamont austral); pero, propiamente hablando, esos procedimientos no son plagios. El equívoco, ciento cuarenta años después, ha dejado de ser revolucionario para convertirse en un lugar común de las solapas de libros, alimentadas de la retórica de, sí, “un largo etcétera” de escritores, algunos brillantísimos.

Lo que no es brillante es apoyar la afirmación de que esa acepción equívoca “es el uso corriente” arguyendo que “es la que empleó Paz cuando se refiere a las paráfrasis de Villaurrutia como plagios (aunque, claro, para decir que son acusaciones rídiculas)”. Sí, eso dice Luigi: si Paz usa la palabra plagio para negar que sea aplicable, muestra que sí lo es.

Enseguida, para afirmar que Montaigne “encubre y difumina la cita, pero precisamente no parte de la idea de que Séneca y Plutarco serán reconocidos al primer golpe de vista”, Luigi cita un pasaje célebre… escatimando las palabras inconvenientes, que restituyo en negritas:

Yo no cuento los préstamos de los que me sirvo, mas los peso. (…) Y son todos, o casi, tan antiguos y de nombre tan conocido que me parece que se identifican bastante bien sin mi ayuda. Entre las razones y las invenciones que he trasplantado a mi terreno y que confundo con las mías, he omitido expresamente el nombre de sus autores, para mantener a raya la temeridad de las críticas apresuradas que se arrojan contra toda suerte de escritos, especialmente si son textos jóvenes y de hombres todavía vivos (…) Quiero que le aticen a Plutarco en mis narices y que se cansen de injuriar a Séneca en mi persona. Debo ocultar mis debilidades bajó el crédito de nombres tan respetables.

Montaigne no hace una apología del plagio: justifica sus paráfrasis arguyendo que omite expresamente la atribución para prescindir del argumento de autoridad —no para borrar la autoría.

El plagio es una operación fraudulenta. También lo es recortar las citas para tergiversar el original, como descalificar los argumentos de un autor atribuyéndole intenciones. Para señalar los plagios de Alatriste “en el afán de oponerse a la designación del premio Villaurrutia”, Guillermo Sheridan tendría que ser vidente, porque lleva años haciéndolo.

¿De veras “no es fácil saber si la apropiación o el plagio se deben a la pereza o a la asimilación fisiológica (ni siquiera en los burdos copy paste de Alatriste)”, cuando los textos copiados provienen de la Wikipedia, de Taringa, de la Red Escolar Ilce? Son ganas de hacerse el tonto.

Pero la falacia central es que afirmar la naturaleza fraudulenta del plagio implica mandar al infierno, ipso facto, a todos los escritores que lo han practicado. En sus minuciosas notas Al margen de El sueño erótico en la poesía de los Siglos de Oro de Antonio Alatorre, el filólogo Antonio Carreira encomia cómo en su comentario “Alatorre no busca eufemismos para el plagio”, cuando refiere los de Quevedo, sino que llanamente los llama por su nombre. Lo cual no lo lleva ni a prescindir de Quevedo ni a emprender, para salvarlo, una apología del plagio, elevándolo a la jerarquía de nombre genérico de todas las formas de transmisión textual entre unos autores y otros.

No habría tenido para qué.