Diarios de traducción

Edward Seidensticker publicó en 1977 el diario que llevó mientras trabajaba en su traducción del Genji monogatari (la primera completa, pues Arthur Waley, que traducía con flexible liberalidad sin seguir el original, nos escatimó hasta un capítulo completo de la novela) y en el que habla naturalmente de sus métodos de trabajo pero también, y mucho más, de sus desórdenes vitales y muchas otras cosas, como sus conversaciones con Keene, Kawabata y Mishima, sus tremendas borracheras y sus áridas resacas, sus apetitos sexuales y pornográficos y, célebremente, sus desencuentros con la novela de Murasaki Shikibu, que llegó a detestar por momentos: Genji Days.

El Diario de una Traducción: The Corrections, de Jonathan Franzen que redactó Ramón Buenaventura y acabo de encontrar en la red no es en cambio propiamente un diario y se ciñe, con gracia y desenfado pero también con inteligencia, a la descripción de las dificultades de un traductor de una novela contemporánea: dificultades con el texto pero también con el autor, los editores, los representantes.