El blog de Aurelio Asiain

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Etiqueta: Vietnam

Fénices y gorriones

Los fénices compiten. Y también los gorriones.
Unos ante el santuario, otros tras la pagoda.
Los leales me son útiles, sean o no elegantes.

* * *

De la versión inglesa de John Balaban en
Ca Dao Viêt Nam. Vietnamese Folk Poetry,
Copper Canyon Press, Washington, 2003.

Fighting Sparrows. ©Olga Yakovenko

Las balas y el badajo

El soldado

No era malo al nacer. Pero ahora anochece
y, humillando a las lámparas, aunque es ciego, se enciende.

Lleva un gorro de piel rojiza en la cabeza
y cuelgan en su bolsa dos balas de mosquete.

Ho Xuang Huong 
Ho_Xuan_Huong.png

Ho Xuan Huong

Publiqué esta traducción en el número 11 de (paréntesis) en junio de 2001. Desde luego no es directa: vierte la espléndida versión de John Balaban en Spring Essence, que incluye la poesía casi completa de Ho Xuang Huong.

Se sabe poco de la legendaria poeta, cuyo nombre significa “esencia de primavera”. Debió de nacer en Vietnam entre 1775 y 1780. Fue concubina de Tran Puc Hien, gobernador de la provincia de Yen Quang (hasta que, acusado de aceptar un soborno, fue ejecutado por orden del Emperador), quizá del prefecto de Vinh Tsuang y sin duda de cierto funcionario menor, del que se burla en algún pasaje. Poco después de su muerte, hacia 1820, su tumba se volvió lugar de peregrinación y tópico poético. Quizá no sea autora de todos los poemas que se le atribuyen: hubo quienes se acogieron a la sombra protectora de su nombre para publicar algunos que, como los suyos, transgredían abiertamente la ética confuciana haciendo escarnio del matrimonio y de los hombres como de funcionarios y sacerdotes. No es extraño que la poesía de Ho Xuang Xuong recurra con frecuencia al doble sentido y la alusión. Sorprende que haya sido escrita en Hanoi a principios del siglo XIX y no en Berkeley o Nueva York a fines del siglo pasado. El poema de esta página, por ejemplo, hace pensar en el muy conocido de Sharon Olds:

;

El pene del Papa


Cuelga debajo de sus ropas, suave
badajo, corazón de la campana.
Se mueve si él se mueve, pez en un fantasmal
halo de algas de plata, la pelambre
meciéndose en lo oscuro y el calor —y en la noche,
ya vencidos los párpados, se yergue
para alabar a Dios.

Sharon Olds

“¡Larga gloria a Díaz Ordaz!”

Lo primero que supe de Vietnam fue tal vez que allá había una guerra, de la que seguramente vi imágenes en el periódico y la televisión que ya se me han desvanecido, o que he visto después muchas veces sin saber desde cuándo las conozco. Pero mi primer recuerdo consciente de Vietnam no es visual sino auditivo. Es la consigna que coreaban los manifestantes en las marchas de 1968 a las que fui de mano de mi madre:

¡Ho-Ho-Ho,
Ho Chi Minh!
¡Díaz Ordaz:
chin chin chin!

Me hizo gracia descubrir, a estas alturas del partido y mientras nos sentábamos a tomar cerveza y ver pasar motocicletas desde la terraza —es un decir— de un bar de Pham Ngu Lao, en Hanoi, que la parte final del estribillo tenía sentido en la lengua del Tío Ho y era además un nombre propio: el de una cadena de minisupermercados. Una amiga vietnamita me explicó poco después el sentido del nombre y me dio la sorpresa mayor: el 9 (chin) es un número de buena suerte en Vietnam y 999 significa “que la buena fortuna te acompañe largamente”. O sea que los manifestantes coreaban algo así como “¡Larga gloria a Díaz Ordaz!”.

14 de marzo, 2009.

*

Hace casi exactamente tres años, al volver de un viaje a Vietnam, puse esta nota en mi página de Facebook (que entonces podía diseñarse como la de una pequeña revista personal y por lo mismo usaba yo mucho, no como ahora, que apenas me asomo por ahí) y nueve meses después, porque se le ocurrió a Luis González de Alba, la reprodujo Nexos en línea. La traigo para no perderla; y porque la anécdota me gusta.