El blog de Aurelio Asiain

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Categoría: Japón

Koichi Iijima: La lengua materna

Medio año pasé en el extranjero
y ni una sola vez se me ocurrió
escribir un poema.
Olvidado de mí,
vagaba.
“¿Por qué no escribes más?”, me preguntaban.
Y no sabía qué decir.

Luego volví a Japón
y por un tiempo
no pude dejar de escribir.
Ahora al fin entiendo
lo que me pasó ese medio año
en que dejé de escribir poesía.
Entré de nuevo
en la lengua materna.

En la expresión “lengua materna”
están la madre, el país, la lengua.
Medio año pasé queriendo convencerme
de que había cortado con la madre, el país y la lengua.
Andaba por la realidad
sin herirme.
Apenas si tenía
necesidad
de escribir poesía.

En abril, Paul Celan
Se suicidó arrojándose al Sena.
Puedo entender lo que hizo
el poeta judío.
La poesía es triste.
La poesía, dicen,
rectifica el idioma.
Pero yo no lo creo.
Cada día me hiero
con mi lengua materna.
Tengo que irme cada noche
a otra lengua materna.
Por eso puedo escribir poesía
y seguir existiendo.

Traducción de Masashi Yano y Aurelio Asiain

Tadashi Amano: Hogar

 

Alcé la voz
regañando a mi hijo
y ahora
en voz muy baja
tranquilizo a mi perro.

Eres
tan bueno,
eres
tan bueno…

Molesto,
el perro
mueve la cola
de mala gana.

 

家庭
天野忠

大きな声で
子供を叱ったので
いまは
小さな声で
犬を撫でている。

いい子だな
おまえは
いい子だよ
おまえは…。

迷惑そうに
犬は
しぶしぶ尾を振っている。

 

Otros dos poemas de Tadashi Amano, aquí.

¿Dónde comienza el cielo?

CIELO

¿Dónde comienza el cielo?
¿En el aire en que vuelan las cometas?

A los ojos ocultas,
maduran en silencio ciertas frutas.
Es ya del cielo lo que las rodea.

 

JUN TAKAMI (1907-1965)
/ Aurelio Asiain

*

“Cuando a tu corazón lo embargue la miseria…”

POR LAS OREJAS

Cuando a tu corazón lo embargue la miseria, no escuches música.
Vete a donde no haya sino aire, agua y piedras
a comer a hurtadillas el silencio. De lejos
llegarán las palabras de la vida en un eco.

Takayuki Kiyooka (1922-2006)
Versión de Masashi Yano y Aurelio Asiain

Dos poemas de Tadashi Amano

ANTIGUALLAS

 

Un callejón sombrío por el que sopla el viento
y una pequeña tienda de antiguallas.
Un montón de basura y chucherías.
Algunas tal vez útiles,
inservibles sin duda casi todas.
Cuánta cosa que más o menos pronto
acabará quebrándose.
Mal apoyado en un bastón dudoso
llega de cuando en cuando un viejecito,
compañero de escuela del que lleva la tienda.
Cobijados por las montañas de deshechos
se diría que son, sentados conversando,
las piezas más valiosas de la tienda.
Pero no tiene precio: les falta la etiqueta.

 

TIEMPO


La que duerme a mi lado
desde hace cuarenta años
todas las noches
duerme a mi lado.

En el verano en un futón ligero de verano
en un grueso futón de invierno en el invierno
todas las noches
duerme a mi lado.

¿Eso vienen a ser cuarenta años?
Un envoltorio de tela
con la boca
entreabierta.

TADASHI AMANO (Kioto, 1909-1993)/ a.a.

Mizuki Misumi: Silencio

SILENCIO

Los que no conocen la guerra
se preparan para luchar.
Yo nada más
horneo pan.
Horneo pan
para vivir.

Lo meto en una bolsa
con manzanas pulidas
y mermelada fina.
Aún falta mucho para que amanezca.

Los que no conocen la guerra
se preparan para luchar.
Yo horneo pan para vivir

Quién desapareció
no fui yo sino él.
Y luego, la memoria.

MIZUKI MISUMI
de 夜の分布図

Mizuki Misumi (Kagoshima, 1981) empezó a escribir poesía a los doce años. En 2004 la señaló el premio de la prestigiosa revista Gendai Shi Techô (Cuaderno de poesía moderna). Su primer libro, オウバアキル (Overkill , 2004), recibió el premio Chuya Nakahara; el siguiente, カナシヤル (Tristemente). De ese año es también 幸せのカタチ (La forma de la felicidad, 2006), el Premio Rekiteki para Nuevos Valores y el Premio de Literatura del Sur de Japón. A los otros títulos de su bibliografía hay que sumar dos álbumes musicales. Practica también, con buen éxito, muchas otras formas de poesía: improvisaciones, performances, poemas colectivos, videos, fotografía…

Aquí, otro poema suyo: Conmigo como base

Blog, misumimizuki.com
Twitter: @misumimizuki
Instagram: misumimizuki
Facebook: misumi.mizuki
Wikipedia: 三角みづ紀
Amazon:  三角みづ記

http://www.amazon.co.jp/gp/product/images/B00DS3UJNE/ref=dp_image_z_0?ie=UTF8&n=465392&s=books

En YouTube, entre otros:




Lo que poseen los desposeídos

 

¿Sabes qué hacen los homeless del parque de Ueno en las mañanas?
Tú dime.
Juegan golf.

No todos, ni mucho menos, pero era cierto: algunos sacaban sus palos de golf y practicaban en el prado en que han plantado sus tiendas azules. No podrían tirar muy lejos, claro, pero practicarían los golpes y tal vez conservarían, me gusta pensar que sin ostentación, los gestos del golfista, como otros conservan libros, y el gusto de la lectura. O incluso el de la escritura. Hace tres años apareció una preciosa antología de senryu —el primo despeinado del haiku— escritos por homeless japoneses: 路上のうたRojo no uta (“Canciones de los caminos” sería una traducción imprecisa: ¿canciones de la intemperie? —rojo: on the road), en la que sorprende, junto al estricto apego a las formas tradicionales y sus convenciones estacionales, la naturalidad con que la intemperie urbana se vuelve habitable:

寝袋に 花びら一つ 春の使者

Un solo pétalo,
nuncio de primavera,
sobre mis saco.

Japón, después de dos décadas de crisis económica, sigue siendo uno de los países más ricos del mundo —el tercero, después de Estados Unidos y China—, y su prosperidad salta a la vista de cualquier visitante, pero es un rico empobrecido. Sus pobres son nuevos pobres, expulsados de una clase media que fue la mayor del mundo y la más homogénea y que desde hace dos décadas no cesa de reducirse.

Algunos conservan incluso el puesto de trabajo: han renunciado a pagar la renta de un departamento y se han ido a vivir bajo un puente. No a la intemperie, sino en unas casas mínimas, hechas de cartón y madera, cubiertas siempre de plásticos azules: los mismos que se tienden en los parques bajo los cerezos durante la semana de su florecimiento y que, según Toyo Ito, son el elemento mínimo de la arquitectura japonesa. Yo pensaría más bien en el shime tori de los santuarios shinto: las dos varas de bambú unidas por una cuerda que marcan el límite de un espacio sagrado. En cualquier caso, viene a la mente el poema del monje Ikkyu (1394–1481):

No hay pilares
en la casa en que vivo;
tampoco techo.
No la moja la lluvia.
No la golpea el viento.

Sería ilusorio pensar que en cada desposeído japonés hay un golfista, un poeta o un adepto del zen: lo sería tanto como suponer que en cada oficinista hay un autómata desalmado. Pero no he visto a ninguno que no disponga ordenadamente sus zapatos a la entrada de su caseta o su tienda, ninguno que no parezca mantener, en la precariedad, un orden estricto, ninguno que no guarde las formas. Orden y formas es casi lo único que les queda, pero con eso y poco más —lo que encuentran en la calle y entre los desechos— erigen una morada.

Desde fines de los noventa el arquitecto Kyohei Sakaguchi (Kumamoto, 1978) ha venido documentando estas casas de cero yenes (Zero Yen Houses: véase lo que la frase produce en Google images) y pensando en lo que revelan sobre la relación de sus constructores, habitantes y dueños (a los que es inapropiado llamar homeless, dice Sakaguchi, pues poseen una casa mientras nosotros apenas la rentamos) con el entorno urbano y la naturaleza, con el espacio social y el privado, con la economía formal y —por paradójico que suene— el orden informal. De esa larga obra en marcha, que ha producido ya libros, exposiciones, un sitio de internet, ha extraído además lecciones sobre la imaginación del espacio, la economía de medios, las estrategias de reciclamiento. Sakaguchi está convencido de que estos desposeídos, entre los cuales no falta el que alimenta su casa con celdas solares, ni el que ha hecho su casa móvil, sobre ruedas— tienen mucho que enseñarle a arquitectos y urbanistas, a econmistas y diseñadores. También, claro, a poetas y artistas.

*

Nota publicada en el número más reciente de la revista Arquine.

Arquine No. 66

Enju Tanaka: Humedad

湿度

Qué insoportable
esta humedad de junio
en que me enredo.
Voy caminando en fila,
con los brazos cruzados.

Hace ya mucho
caminaba del brazo
de un hombre
y sobre mi caía
una lluvia excesiva.

Parecería
que a oscuras la humedad
se hace más densa.
Estiro cuanto puedo
las piernas en el cuarto.

Siempre que baja
la presión atmosférica
es doloroso.
Sólo se oye un sonido:
es el de tus pulmones.

Ah, cómo pesa
en el cuarto la ropa
puesta a secar.
Me llegan los murmullos
de lo que hice a un lado.

Parecería
que tuviera otra piel
bajo la piel.
Y tal vez en los ojos
un doble cristalino.

Por todos lados
huellas de pies desnudos
y pegajosos.
Bien pisoteada esa
armonía doméstica.

De las rodillas
para abajo desnuda,
qué largos huesos,
qué cuerpo tan extraño.
Vamos a pelar nísperos.

Toda la ropa
del invierno, tan gruesa,
se ha vuelto inútil
y ahora hay que llevarla
a la tintorería.

Suda uno a chorros,
no deja de chorrear
un solo instante.
Qué humedad espantosa
es la humedad de junio.

Te regalaron
una copa de vino:
como en su caja
de terciopelo en una
grieta la guardas.

Tú ya no eres
la de todos los días:
temperatura
del cuarto regulada
y una manta en los hombros.

Está en la sala,
levemente sudado
y sin embargo
durante el sueño siempre
desprotegido el cuello.

Tanta humedad
le llega hasta a los muertos.
Como una suave
mentira va envolviendo
el agua de tu cuello.

Control remoto:
aire acondicionado:
dos grados menos.
Y la temperatura
es la misma en mi pecho.

Ginebra, vodka,
ronrico y luego otras
espirituosas.
Alcoholes tan fuertes
que nos duela beberlos.

Peptobismol
antes de emborracharse.
En días claros
también llevar paraguas.
Esa clase de vida.

Voy a pensar,
con la temperatura
del cuarto al minimo,
mientras me voy secando,
qué cosas increíbles.

Ropa arrojada
al suelo, como escamas.
Duele quitárselas,
tal vez porque así estamos
más cerca de los muertos.

Tanta humedad
no nos deja siquiera
salir del cuarto.
¡Con llave, sí, con llave,
cerrar, cerrar con llave!

ENJU TANAKA / a. a.

*

Ayer, en Kioto, la humedad del aire era de 98% y me acordé de este poema, que traduje en el verano de 2005, para una lectura colectiva. La he retocado apenas. Enju Tanaka (田中槐, Hamamatsu-shi, Shizuoka, 1960) es una reconocida practicante de tanka y fue, durante años, crítica de poesía en el Asahi, uno de los mayores diarios de Japón.

Rente una familia, S. A.

Rent a Family Inc. es un documental de Kaspar Astrup Schröder sobre el director de una compañía japonesa que renta familiares, amigos, colegas con los que llenar, cuando la ocasión lo requiere, los vacíos incómodos y guardar las apariencias. Él mismo cubre los suyos actuando esos papeles, de los que su familia no sabe nada.

Así se imprime un grabado de Utamaro

El maestro Keizaburo Matsuzaki imprime al modo tradicional un grabado de Kitagawa Utamaro (1754-1806) con la imagen de Takashima Ohisa. Matsuzaki tiene su taller en Tokio y es impresor desde los quince años.