El blog de Aurelio Asiain

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Categoría: traducción

Robin Robertson: Unas moscas

LA STANZA DELLE MOSCHE

 

Arde el cuarto en el sol de la mañana,
en la claras ventanas zumban moscas:
golpes y cabezazos en el vidrio. Tronando
una cae de la luz al suelo, negra
vibración susurrante en la pared
previa al arranque y al despegue:
otra vez el gimiente vuelo bajo, otra vez
la incursión infructuosa por el mundo exterior.
Caen en mi mesa y en mis manos, giran
vueltas de espaldas su morosa muerte
en las baldosas blancas, a un lado
y luego al otro, trompos chilladores
que comienzan y paran, en un chisporroteo
de cables en cortocircuito, y gimen
pidiendo un pisotón.

ROBIN ROBERTSON
/ a.a.

 

Dos poemas de Tadashi Amano

ANTIGUALLAS

 

Un callejón sombrío por el que sopla el viento
y una pequeña tienda de antiguallas.
Un montón de basura y chucherías.
Algunas tal vez útiles,
inservibles sin duda casi todas.
Cuánta cosa que más o menos pronto
acabará quebrándose.
Mal apoyado en un bastón dudoso
llega de cuando en cuando un viejecito,
compañero de escuela del que lleva la tienda.
Cobijados por las montañas de deshechos
se diría que son, sentados conversando,
las piezas más valiosas de la tienda.
Pero no tiene precio: les falta la etiqueta.

 

TIEMPO


La que duerme a mi lado
desde hace cuarenta años
todas las noches
duerme a mi lado.

En el verano en un futón ligero de verano
en un grueso futón de invierno en el invierno
todas las noches
duerme a mi lado.

¿Eso vienen a ser cuarenta años?
Un envoltorio de tela
con la boca
entreabierta.

TADASHI AMANO (Kioto, 1909-1993)/ a.a.

Canción de amor

CANCIÓN DE AMOR

Qué ganas de comerme esta mujer.
Toda entera quisiera devorarla.
Sin azúcar ni sal,
sin cocinar,
cruda y viva quisiera devorarla.

Qué ganas de cortarle la cabeza,
arrancarle los brazos y las piernas,
desprenderle los pechos,
dejarla sin cabello,
guardarlo para mí.

Qué ganas de tragarme su canción,
devorar sus trigales,
sus árboles,
sus flores amarillas.
Quisiera devorar la primavera.

Qué ganas de matar al hombre de esta mujer.
Y a los peces que nadan en su vientre, los bichos
que se arrastran, las serpientes que reptan,
los ociosos rinocerontes,
qué ganas de ahuyentarlos
para salvarla
y convocar al sol de su interior.

Qué ganas de sorberle el alma a esta mujer.
De atrapar esa nube.
De capturar el cielo.
De quedarme su luna.
De robarme esa estrella.

Quisiera estar con ella
y protegerla
y comerme a su padre, su madre, sus hermanos,
y a ese dios al que nunca podría devorar.

TOSHIO NAKAE
Versión de Masashi Yano y Aurelio Asiain

«No tengo paz ni puedo hacer la guerra»

CANCIONERO, CXXXIV

No tengo paz ni puedo hacer la guerra
y
espero y temo y ardo estando helado;
vuelo hasta el cielo cuando yazgo en
tierra
y
el mundo entero en vano he abrazado.

Me prendió quien no me abre ni me cierra,
no me retiene y nunca me ha soltado,
no me somete y nunca me deshierra,
no me quiere con vida ni enterrado.

Veo sin ojos y sin lengua clamo,
quiero
morir y ruego por mi suerte
y
a mí me odio como a otros amo.

Me alimenta el dolor, llorando río,
y lo mismo padezco vida y muerte.
Tal es por ti mi estado, amor mío.

FRANCESCO PETRARCA, Cancionero, 134.
Versión de A. A.

CANZONIERE, CXXXIV

Pace non trovo, e non ho da far guerra;
E temo e spero, ed ardo e son un ghiaccio;
E volo sopra ´l cielo e giaccio in terra;
E nullo stringo, e tutto il mondo abbraccio;

Tal m´ha in prigion, che non m´apre, ne serra;
Ne per suo mi riten, ne scoglie il laccio;
E non m´ancide Amor, e non mi sferra;
Ne mi vuol vivo, ne mi trae d´impaccio.

Veggio senz´occhi, e non ho lingue e grido;
E bramo di perir, e cheggio aita;
Ed ho in odio me stesso, ed amo altrui;

Pascomi di dolor, piangendo rido;
Equalmente mi spiace morte e vita,
In questo stato son, Donna, per vui.

FRANCESCO PETRARCA

 

Maxine W. Kumin: Después del amor

DESPUÉS DEL AMOR

Los cuerpos recobran sus límites.

Así estas piernas, mías.
Tus brazos te devuelven a ti mismo.

Nuestros dedos cucharas, nuestros
labios se pliegan a sus posesivos.

Los sábanas bostezan, una puerta
mal cerrada golpea sin por qué

mientras de lo alto cae el sonsonete
monótono de un avión.

Nada ha cambiado,
pero en cierto momento

el lobo, el intrigante lobo
a las puertas del yo

bajó la guardia y se durmió.

*
MAXINE W. KUMIN (1925-2014)
Versión de A. A.
El original, aquí.

Mizuki Misumi: Silencio

SILENCIO

Los que no conocen la guerra
se preparan para luchar.
Yo nada más
horneo pan.
Horneo pan
para vivir.

Lo meto en una bolsa
con manzanas pulidas
y mermelada fina.
Aún falta mucho para que amanezca.

Los que no conocen la guerra
se preparan para luchar.
Yo horneo pan para vivir

Quién desapareció
no fui yo sino él.
Y luego, la memoria.

MIZUKI MISUMI
de 夜の分布図

Mizuki Misumi (Kagoshima, 1981) empezó a escribir poesía a los doce años. En 2004 la señaló el premio de la prestigiosa revista Gendai Shi Techô (Cuaderno de poesía moderna). Su primer libro, オウバアキル (Overkill , 2004), recibió el premio Chuya Nakahara; el siguiente, カナシヤル (Tristemente). De ese año es también 幸せのカタチ (La forma de la felicidad, 2006), el Premio Rekiteki para Nuevos Valores y el Premio de Literatura del Sur de Japón. A los otros títulos de su bibliografía hay que sumar dos álbumes musicales. Practica también, con buen éxito, muchas otras formas de poesía: improvisaciones, performances, poemas colectivos, videos, fotografía…

Aquí, otro poema suyo: Conmigo como base

Blog, misumimizuki.com
Twitter: @misumimizuki
Instagram: misumimizuki
Facebook: misumi.mizuki
Wikipedia: 三角みづ紀
Amazon:  三角みづ記

http://www.amazon.co.jp/gp/product/images/B00DS3UJNE/ref=dp_image_z_0?ie=UTF8&n=465392&s=books

En YouTube, entre otros:




Mikis Teodorakis canta a Yorgos Seferis

La letra de esta canción de Mikis Teodorakis es variación de un poema Seferis:


XXIII

Un poco más
y veremos florear a los almendros
brillar al sol los mármoles
al mar romperse en olas

un poco más,
alcémonos aún un poco más.


Yorgos Seferis

************************

Λίγο ακόμα

Λίγο ακόμα
θα ιδούμε τις αμυγδαλιές ν’ ανθίζουν
τα μάρμαρα να λάμπουν στον ήλιο
τη θάλασσα να κυματίζει
λίγο ακόμα,
να σηκωθούμε λίγο ψηλότερα.


Γιώργος Σεφέρης

***************

De “Novela”, en Mythistórima. Poesía completa. Traducción, prólogo y notas de Selma Ancira y Francisco Segovia. Galaxia Gutenberg, 2012.

Situación del alma

Ansia de eternidad, hay en la carne —no en el alma,
que se encoge como un poco de vaho
en el cristal y no es más que una síncopa
en la frase del hálito que los dioses exhalan.
Mortal se sabe, casi imaginaria,
y en secreto se alegra del corazón que la atormenta.
Como el niño al que no dejan jugar,
huye, bajos los ojos, contra su transparencia.
Pero los dioses, ¡pobres!, ¿dónde están? —En la covacha;
sólo de noche salen a buscar entre la basura
alguna cosa que comer. Los dioses
han doblado la esquina. Los dioses
llegan al bar de la estación, piden humildemente un trago
y vomitan al alba contra un árbol. Los dioses
quieren morir. (Mas sólo el alma puede,
tan lejos de los dioses como del cuerpo ansioso
en una eternidad de hidrógeno y nitrógeno,
danzar la leve muerte a la distancia.)

Jacques Réda, Récitatif. Gallimard, 1970.
versión de A.A.

Heaney: Ocho elegías

CAVAR

Entre el pulgar y el índice 
reposa
mi gruesa pluma, como un arma cómoda.

Tras la ventana un claro ruido raspa:
en el suelo de grava hunde su pala
mi padre: cava. Bajo la mirada:

su grupa, tensa entre las jardineras
se inclina y, como hace veinte años,
rítmicamente entre surcos de papas
vuelve a agacharse ahí donde cavaba.

La ruda bota contra el borde, el mango
en la rodilla interna apalancado.
Arrancaba raigones y enterraba
el filo reluciente en lo profundo
para lanzar las papas que atrapábamos,
fría dureza amada en nuestras manos.

Mi viejo manejaba bien la pala,
¡por Dios! Tan bien como su viejo.

En un día mi abuelo arrancaba más turba
que cualquiera en las turbas de Toner.
Le llevé una vez leche, una botella
con tapa de papel. Se enderezó
para beberla y luego se inclinó de regreso
cortando y rebanando limpiamente, arrojando
terrones sobre el hombro, yendo más y más hondo
buscando la buena turba. Cavando.

Olor fresco de moho de papas, chapaleo,
cae la tierra pastosa, un filo corta seco
entre raíces vivas despiertas en mi mente.
¿Cómo seguir, sin pala, a hombres como ellos?

Entre el pulgar y el índice reposa
la gruesa pluma
con que voy a cavar.

 

TESTIMONIO

Estábamos matando cerdos
cuando los yanquis arribaron.
Martes por la mañana, sol
y sangre en las cunetas
fuera del matadero.
Desde la carretera habrán oído
los chillidos, y luego que cesaban,
y nos habrán visto acercarnos
en delantales y con guantes,
colina abajo.
Marchaban en dos filas,
con sus armas al hombros.
Carros blindados, tanques, jeeps abiertos.
Manos, brazos quemados por el sol.
Desarmados, de paso,
camino a Normandía.
No que supiéramos entonces
hacia dónde se dirigían,
de pie, como unos muchachitos,
mientras nos arrojaban chicles
y golosinas de colores.

 

A BERNARD Y JANE McCABE

Seco el lecho del río, medio lleno de hojas.
Nosotros, que escuchábamos otro río en los árboles.

 

LA PUERTA ESTABA ABIERTA, LA CASA ESTABA A OSCURAS

En memoria de David Hammond

La puerta estaba abierta, la casa estaba a oscuras
y eso me hizo llamarlo, aunque sabía
que esta vez por respuesta tendría ese silencio

que me tuvo escuchando de pie mientras crecía
hacia atrás y hacia abajo y hacia fuera en la calle
en la que cuando entré (ahora lo recuerdo)

las farolas también estaban apagadas.
Nunca hasta allí y entonces me sentí tan ajeno,
casi como un intruso, con ganas de escapar

pero teniendo claro que no había peligro,
sólo un apartamiento, un vacío no hostil
como un hangar a medianoche en un

aeródromo cubierto en lo alto del verano.

 

ACLARAMIENTOS, 3

In Memoriam M.K.H., 1911-1984

Se habían ido a misa los demás y quedaba
yo para ella mientras pelábamos las papas.
Rompían el silencio, soltadas una a una
como del soldador gotas de soldadura:

las cosas compartidas, en la grata frescura
común resplandecían, agua clara en un cubo.
Y seguían cayendo. Gratas salpicaduras
del trabajo del otro nos volvían al mundo.

Así que cuando el cura junto a su cabecera
se afanaba en plegarias por el bien de su alma
y algunos lo seguían mientras otros lloraban

recordé su cabeza tendida a mi cabeza,
los alientos mezclados, las ágiles navajas.
Nunca en toda la vida estuvimos tan cerca.

 

1.1.87

Qué peligro, la acera.
Pero este año tengo para el hielo
el bastón de mi padre.

 

LA PLAYA

La línea de puntos que trazó
el bastón de mi padre en Sandymount
es algo más, que no se lleva el mar.

 

NOCHE DE AGOSTO

Sus manos eran cálidas y pequeñas y sabias.
Volví a verlas anoche: dos hurones jugaban
a solas en un campo a la luz de la luna.

 
Estas traducciones aparecieron antes en el número de octubre de 2013 de Letras Libres.
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Digging” abre el segundo libro de Heaney, Death of a Naturalist, que llamó la atención del mundo sobre su poesía, y es uno de sus poemas más celebrados. La asimilación de la escritura a la labranza, y de los versos a los surcos, es milenaria. Lo novedoso es la modalidad del género: una elegía proléptica, pues el padre de Haney no moriría sino 25 años después.

El escenario del «Testimonio» es Belfast y el poema describe un acontecimiento cuyos signos ominosos solo cobran sentido en el recuerdo. Los muchachos que pasan por al matadero, hombres para el niño que los evoca, se dirigen a la muerte.

A Bernard y Jane McCabe los conoció Heaney en Cambridge en 1979 y fueron una amistad duradera. Al escritor está dedicado The Haw Lantern (1987); ellos son la armoniosa pareja retratada en “The Birch Grove” (2006). El “nosotros” de la segunda línea se asimila a las hojas caídas, como en la imagen homérica.

Seamus Heaney escribió en agosto de 2008 para The Guardian el obituario de su compatriota David Hammond —escritor, compositor, cineasta, historiador, cantante— y luego tuvo el sueño que escribe este poema.

M.K.H., la dedicataria de los ocho sonetos de Clearances, es la madre de Heaney y sus ocho hermanos mayores: Margaret Kathleen McCann

El primero de enero de 1987 es la fecha del fallecimiento del padre de Seamus Heaney. El poema, uno de los mejores haikus que se hayan escrito en una lengua occidental, evoca a Issa Kobayashi.
Sandymount Strand, a las afueras de Dublín, fue el lugar de residencia de Seamus Heaney durante los últimos 36 años de su vida. Que sea también uno de los escenarios esenciales del Ulises es algo que no deja de resonar en el poema.

También al padre de Heaney, granjero, se refiere el sueño visionario de «Noche de agosto».

Mizuki Misumi: Conmigo como base


Conmigo como base.
Muchas mujeres pasan.
Alguna se detiene.
Mis contornos se tuercen
y yo me descompongo.
Qué claro el cielo.
No he visto otro tan azul.
Se evaporan las lágrimas,
se convierten en nubes,
en lluvia ácida que nos disuelve.
De principio a fin
no hago otra cosa
que decaer,
disolverme,
pudrirme,
volverme tu composta.
Conmigo como base,
tú creces.
Tiendo las manos débilmente al sol.
Mi brazos se deshacen.

*

MIZUKI MISUMI,
—versión de Aurelio Asiain

Página web: http://misumimizuki.com/
Twitter: https://twitter.com/misumimizuki