El blog de Aurelio Asiain

Todo lo que está aquí ocupa más de 140 golpes de teclado.

El nombre de la cosa

Ayer Guillermo Sheridan le dijo a alguien en Twitter que estaba leyendo “una genial novela de Mark Reyner, The Sugar Frosted Nutsack”, “la novela más divertida y salvaje que he leído en años”, y confesó:

Lo cual dio origen a una conversación que el lector debería ahorrarse, en medio de la cual mencioné una serie de grabados en que Utagawa Kuniyoshi (1797–1861) juega, como lo hicieron otros artistas, con la idea de la proteica elasticidad que la tradición popular atribuye al escroto de los mapaches, capaz de extenderse hasta formar una pequeña habitación, y de adoptar las más diversas formas y aplicarse a los usos más diversos. De esa tela salen naturalmente capas y sombrillas, pero también lechos y barcas, tambores y aun martillos. Puede parecer curioso que, aunque tienen reputación de pícaros licenciosos, la imaginación popular que refleja Kuniyoshi no pinte a los mapaches como bolsones (en la acepción mexicana: holgazanes) sino como imaginativa y variadamente industriosos. No hay que olvidar que son figuras asociadas al comercio y, lo mismo en grabados y dibujos que en las figuras de barro que resguardan la entrada de incontables establecimientos comerciales y propician el paso de la buena fortuna, los simpáticos animales se representan con unos desmesurados testículos propiciatorios, que se conocen como kintama: literalmente, “huevos de oro”.

Sospecho que para la pudibunda sociedad mexicana, en la que un escote todavía puede causar un escándalo, estas estampas pueden parecer obscenas. No lo son en Japón.

Impedimenta


Pesca de río


Los siete dioses de la fortuna


Daruma

Manta y kotatsu

Instrumento de percusión

Red para cazar aves

Arma para tundir peces

Espantajo

Enfermedad

*
Más sobre el tema aquí. Otras ilustraciones aquí, y en muchos otros sitios.

Otra noche en ruinas

1
Cuando anochece
la niebla se hace oscura en las colinas,
púrpura de lo eterno,
pasa un último pájaro
flop, flop— que adora
solo el instante.

2
Hace nueve años,
en un avión toda la noche en tumbos
sobre el Atlántico,
pude ver, encendida
por los rayos que le salían,
la cara de mi hermano en una nube
que miraba hacia abajo en el azul,
instantes del Atlántico
a la luz de un relámpago.

3
A veces me decía:
«¿Para qué sirve un día?
Esa hoguera que enciendes en la cima
de la desesperanza
podría iluminar el cielo inmenso,
aunque para incendiarlo, es cierto,
tendrías que arrojarte tú a las llamas…»

4
Se rasga el viento en los aleros
de estas ruinas, vacío,
flauta fantasma de los ventisqueros
que afuera en la tiniebla se levantan:
barrancas invertidas donde barre
la noche nuestras alas arrojadas,
nuestras plumas manchadas por la tinta.

5
Escucho.
No oigo nada. Solo
la vaca, la vaca
de este vacío, mugiendo
hasta los huesos.

6
¿Es eso un gallo?
Revuelve
la nieve
buscando
un grano.
Lo encuentra. Le saca llamas.
Se agita. Cacarea.
Brotan
de su frente las llamas.

7
¿Cuántas noches le tomará
a uno como yo aprender
que al fin no estamos hechos de ese pájaro
que se lanza a volar de sus cenizas,
y que nosotros,
cuando entramos en llamas, no tenemos
más trabajo que abrirnos
y ser
las llamas?

GALWAY KINNELL 
Versión de A. A., también aquí

Un siglo de revueltas estudiantiles en el mundo

Una casa en 3 horas, un hotel en 48 horas, un rascacielos en 15 días

Una casa construída en tres horas en 2005
 

Un hotel construído en 48 horas en 2010

Un rascacielos construído en 15 días en 2011

Blanco de nuevo: hay que pasarlo en claro

Ya se puede descargar la versión revisada de la edición para iPad de Blanco, el largo poema de Octavio Paz, que comenté aquí, con añadidos, enmiendas, problemas que subsisten y errores nuevos que ya se corregirán. La mayor novedad es la lectura en voz alta de Alberto Ruy Sánchez, José Luis Ibáñez y Elsa Cross. La de Octavio Paz, Eduardo Lizalde y Guillermo Sheridan sigue teniendo la falla que ya había señalado: hay versos de la columna central, los que aparecen aislados inmediatamente después de otra sección del poema, que la voz de Octavio Paz omite.

La pasión de la brasa compasiva

La transparencia es todo lo que queda

El mundo es tus imágenes

La irrealidad de lo mirado
Da realidad a la mirada

Son versos con una gravitación central en el poema y habría que devolverles la voz.

No me gustaba, en la primera versión de la aplicación, que los ensayos antologados en la sección “Biblioteca Blanco” fueran capturas fotográficas de páginas de libros impresos, y no páginas de tipografía virtual movible susceptible de subrayarse, anotarse, copiarse, como la de cualquier libro electrónico (categoría en la que no considero los archivos PDF que ofertan tantos tendidos de blogs y redes sociales). Lo que aparece en la nueva versión me gusta menos. Todo ha sido recapturado en otra tipografía, mal elegida, que se ve sucia, con líneas muy abiertas o muy cerradas (abro al azar: en la primera página del ensayo de Enrico Mario Santí hay una línea de quince palabras sin un solo espacio entre una y otra) y erratas que se han colado en el proceso. El texto es otra vez fijo, y era mejor el que había antes. Desgraciadamente, a diferencia de las ediciones en papel que podían acomodarse una al lado de la otra en el estante, estas borran la anterior del librero.

¿Por qué me tiene bloqueado CONACULTA?

Hace poco alguien que trabaja en alguna dependencia de CONACULTA y me sigue en Twitter me envió esta foto, una captura de pantalla. Cuando la mostré en Twitter, varios respondieron que ellos sí podían entrar… pero ninguno trabaja en CONACULTA. Supongo que debí explicar que la foto no la tomé yo, pero de la misma se desprende que corresponde a una computadora conectada a la internet desde esa dependencia, y que la misma puede por supuesto imponer filtros a sus usuarios, pero no a todo el mundo. Lo más extraño es que ese blog mío (porque tengo varios más, entre otros este) esté catalogado como sitio de apuestas. ¿Alguien me explica?

Diez visiones de Julián Herbert

La serie, como se ve, empezó hace un par de días; uno espera que vaya para largo.

Música visual

En Japón suele tenerse al Chôju-jinbutsu-giga, un conjunto de cuatro rollos historiados que datan de fines de la era Heian, por el origen remoto del manga, aunque los siete siglos que median entre el monje Toba Sôjô (1053-1140), al que la obra se atribuye sin mucha certidumbre, y los manga de Hokusai, son sin duda demasiados. Pero el salto se explica por el carácter excepcional de la obra, en la que ranas, conejos, zorros y monos bailan, conversan, se entretienen en juegos y disputas u ofician ceremonias religiosas. No se trata de un relato, pero tampoco de una sucesión de imágenes inconexas: la secuencia, de tono festivo e intención satírica, es innegablemente rítmica, y aunque los hilos alusivos y simbólicos de la trama sean invisibles para el espectador no avisado y haya pasajes enigmáticos para los eruditos, la gracia de las imágenes es insuperable y la experiencia de verlas se parece mucho más a la de escuchar una pieza musical que a la de despachar una historieta ilustrada.

Porque aquí no se trata de ilustraciones: no hay ningún texto y es solo el dibujo lo que canta y cuenta. No es extraño que, entre las obras clásicas mayores del arte japonés, esta sea una de las más populares, y abundan las reproducciones completas —en rollos de diversas dimensiones, libros y videos como el muy deficiente que aparece en esta página— y fragmentarias —en revistas, tarjetas postales, pañuelos, camisetas, tazas, encendedores…—, pero muy rara vez se exhibe el original. En diez años en Japón, solo una vez pude no verlo: vislumbrarlo, parándome de puntas y alargando el cuello sobre las cabezas de los numerosos visitantes que recorrían parsimoniosamente el centenar de metros que sumaban los cuatro rollos extendidos en las vitrinas del Museo Nacional de Kioto.

Por suerte hay ya una aplicación gratuita para iPad que permite recorrer enteramente dos de los rollos, reproducidos con una calidad de imagen impecable. Las explicaciones están en japonés, pero no hacen falta para disfrutar del paseo y el curioso puede encontrar muchas más en inglés, y algunas en español, en la red.

Prodigio


Crecí inclinado
sobre un tablero de ajedrez.

Adoraba la frase jaque mate.

Mis primos parecían preocupados.

Era una casita cerca
de un cementerio católico.
Los aviones y los tanques
sacudían los cristales.

Un profesor de astronomía,
ya jubilado, me enseñó a jugar.

Debió de ser en 1944.

En el juego que usábamos
casi estaban del todo despintadas
las piezas negras.

El rey blanco había desaparecido
y hubo que reemplazarlo.

Me han dicho, pero no lo creo,
que ese verano vi colgados
de los postes del teléfono.

Me acuerdo de mi madre
tapándome los ojos.
Sabía sumergirme en un instante
la cabeza debajo de su abrigo.

También en ajedrez, me dijo el profesor,
juegan a ciegas los maestros,
y los grandes en varias
partidas simultáneas.

CHARLES SIMIC 

Versión de A. A. El original, aquí.

El misterio de Picasso

 

La notabilísima película Le Mystère Picasso (1956) de Henri-Georges Clouzot ganó el Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes el año de su producción y en 1984 fue declarada tesoro nacional por el gobierno de Francia. Muestra al pintor en obra y a la obra en proceso —pero esas obras no existen sino en la película: se destruyeron después fuera de ella. Más datos, en la página de Open culture de donde la traigo aquí.