El blog de Aurelio Asiain

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Etiqueta: Octavio Paz

Mark Strand (1934-2014) en versión de Octavio Paz

EN CELEBRACIÓN

Estás sentado en una silla, nada te toca, sientes
cómo se vuelve el viejo un ser más viejo, imaginas
sólo la paciencia del agua, el fastidio de la piedra.
Piensas que el silencio es la página de más,
piensas que nada es bueno, ni malo, ni siquiera
la sombra que invade la casa mientras tú miras, sentado,
cómo la invade. Otras veces la has visto. Tus amigos
pasan tras la ventana, en sus rostros la marca de la pena.
Quisieras saludarlos pero no puedes ni alzar la mano.
Estás sentado en una silla. Te vuelves hacia la yerbamora
que extiende sobre la casa su red ponzoñosa.
Pruebas la miel de la ausencia. Es lo mismo.
Dondequiera que estés, es lo mismo que se pudra
la voz antes que el cuerpo o que se pudra el cuerpo
antes que la voz. Sabes que el deseo lleva a la pena,
la pena a la consumación, la consumación
al vacío. Sabes que estos es diferente, esto
es la celebración, la única celebración,
sabes que si te das entero a la nada
habrás sanado. Sabes que hay alegría en sentir
cómo tus pulmones preparan su futuro de ceniza,
y así esperas, miras y esperas: el polvo se establece.
Rondan la sombra las horas milagrosas de la infancia.

Blanco de nuevo: hay que pasarlo en claro

Ya se puede descargar la versión revisada de la edición para iPad de Blanco, el largo poema de Octavio Paz, que comenté aquí, con añadidos, enmiendas, problemas que subsisten y errores nuevos que ya se corregirán. La mayor novedad es la lectura en voz alta de Alberto Ruy Sánchez, José Luis Ibáñez y Elsa Cross. La de Octavio Paz, Eduardo Lizalde y Guillermo Sheridan sigue teniendo la falla que ya había señalado: hay versos de la columna central, los que aparecen aislados inmediatamente después de otra sección del poema, que la voz de Octavio Paz omite.

La pasión de la brasa compasiva

La transparencia es todo lo que queda

El mundo es tus imágenes

La irrealidad de lo mirado
Da realidad a la mirada

Son versos con una gravitación central en el poema y habría que devolverles la voz.

No me gustaba, en la primera versión de la aplicación, que los ensayos antologados en la sección “Biblioteca Blanco” fueran capturas fotográficas de páginas de libros impresos, y no páginas de tipografía virtual movible susceptible de subrayarse, anotarse, copiarse, como la de cualquier libro electrónico (categoría en la que no considero los archivos PDF que ofertan tantos tendidos de blogs y redes sociales). Lo que aparece en la nueva versión me gusta menos. Todo ha sido recapturado en otra tipografía, mal elegida, que se ve sucia, con líneas muy abiertas o muy cerradas (abro al azar: en la primera página del ensayo de Enrico Mario Santí hay una línea de quince palabras sin un solo espacio entre una y otra) y erratas que se han colado en el proceso. El texto es otra vez fijo, y era mejor el que había antes. Desgraciadamente, a diferencia de las ediciones en papel que podían acomodarse una al lado de la otra en el estante, estas borran la anterior del librero.

Sobre la nueva edición de “Blanco”

La edición multimedia de Blanco de Octavio Paz preparada por Marie-José Paz y Enrico Mario Santí y publicada hace un mes por El Fondo de Cultura Económica y CONACULTA como aplicación para iPad se ha descargado hasta la fecha 8,000 veces. Ninguna de las ediciones impresas del libro vendió tantos ejemplares en los 45 años que han pasado desde que se publicó la primera en 1966. Ese buen éxito se explica en parte porque la descarga es gratuita (la de The Waste Land que apareció unos meses antes y fue el modelo o la incitación de esta cuesta quince dólares), y que lo sea no deja de sorprender, porque esta nueva edición es varios libros en uno y más que una suma de libros.
A cambio de librarnos o privarnos del papel, la aplicación incluye grabaciones, vídeos, fotografías, una crestomatía de muchas páginas y varios libros más. Todo lo cual enriquece, facilita y vuelve más atractiva la lectura del poema, que ahora puede leerse por primera vez como fue concebido: en una sola página continua sin pliegues (pero siempre limitada a las dimensiones de la pantalla, una desventaja frente a la edición original, encuadernada en acordeón a la manera china y japonesa), en silencio o siguiendo las voces del propio Octavio Paz, Eduardo Lizalde y Guillermo Sheridan, alternadas y concertadas o por separado, según prefiera el lector. La funcionalidad del dispositivo de lectura que permite abordar independientemente, como poemas autónomos, cada una de las columnas que integran la obra, tiene sin duda la virtud de presentar el mecanismo de lectura postulado por el poema de un modo más eficaz que la versión impresa. Blanco se lee ahora mejor que nunca.

Además del original la aplicación incluye las notables versiones al inglés de Eliot Weinberger y al portugués de Haroldo de Campos, ambas imprescindibles en cualquier historia de la traducción poética en el siglo XX, la recreación pictórica de Adja Yunkers, la adaptación musical de Richard Cornell (de la que se recoge solo un fragmento) y las filmaciones para la escena del propio Octavio Paz, con imágenes fijas, y de Frederic Amat, puntuación pictórica de vigorosos trazos cambiantes en continua metamorfosis. Cada uno de los avatares del poema, de sus recreaciones en otras lenguas y otros lenguajes, es una interpretación y una vía de acceso a ese centro cambiante: el blanco del título. Reunirlos en una misma publicación es en sí mismo un ejercicio crítico, una incitación a leer de diversos modos, desde distintas perspectivas, en múltiples sentidos, enriqueciendo la comprensión y el goce lector.

No otra es la función de la crestomatía. Recupera dos ensayos largos: uno de Haroldo de Campos sobre “Octavio Paz y la poética de la traducción” y otro de Enrico Mario Santí sobre el sentido general del poema, y uno más breve de Eliot Weinberger sobre “Octavio Paz en la India”. La completa con material audiovisual (vídeos ya extraídos de programas de televisión, ya grabados ex profeso), la reproducción de tres libros (los Discos visuales y los Topoemas que hizo Paz con Vicente Rojo en 1968 y 1971, más la traducción de Un coup de dés de Jaime Moreno Villarreal), una “Galería de imágenes” fijas y en movimiento, una cronología y —para mí la parte más emocionante, con mucho, del conjunto— los facsímiles de los sucesivos borradores manuscritos del poema. Se trata pues de una edición que aprovecha la publicada en 1995 por las Ediciones del Equilibrista, la antologa y la enriquece notablemente con material gráfico y audiovisual, en parte documental, en parte obra artística original, si bien suscitada por el poema.

And yet, and yet… algunas cosas se echan de menos. Falta la edición crítica que es el atractivo principal de la aplicación de The Waste Land, en la que con poner un dedo sobre cada verso se abre la nota pertinente. También sería bueno que los textos de la crestomatía estuvieran en tipografía móvil, no en fotografía, de modo que pudieran subrayarse, anotarse y comentarse como cualquiera de las ediciones para Kindle. La sección de comentarios audiovisuales podría sin duda mejorarse: las entrevistas preparadas ex profeso para la edición son flojas, y menos interesantes que el material documental. Y habría que corregir un par de erratas en el poema y en los créditos (donde Eliot Weinberger aparece con ll), y un detalle curioso de la grabación del poema: el verso final de cada una de las secciones de la columna central que lee Octavio Paz es mudo (de modo que quien esté escuchando sin seguir el texto se los pierde).

Pero estas nuevas ediciones tienen la ventaja de que las correcciones y modificaciones que introduzca el editor se incorporan al ejemplar de cada uno, con descargar la actualización.