El blog de Aurelio Asiain

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Carballo en viaje de remolque

EL ARTE DE CONVERTIR SOLAPAS EN MINIFALDAS

En la colección de Nuevos escritores mexicanos del siglo XX (no confundir con los nuevos del siglo XV) acaba de aparecer el libro correspondiente a Sergio Pitol. Su texto, del que no nos ocuparemos, queda sumido en un fenómeno general que merece analizarse. ¿Qué sentido tiene que en libros de 64 páginas haya previas presentaciones del autor, si se supone que va a presentarse a sí mismo, y sobre todo si el presentante del autopresentante es invariablemente la misma persona, aunque no tenga nada especial que decir?
La situación se vuelve caricaturesca cuando, además, la presentación de Emmanuel Carballo cita párrafos enteros del mismo Pitol. Como si fuera poco: párrafos donde Pitol se presenta a sí mismo. ¿Cómo se justifica entonces que no se presente solo? Quizá porque Carballo sabe aprovechar el trabajo de Pitol mejor que Pitol: usó esos párrafos en 1959, en 1965 y en esta nueva publicación, que no excluye la publicación aparte en algún suplemento, ni la Grandiosa recopilación de eminentes prólogos a escritores presentados por si mismos que pronto será anunciada.
Hasta el juicio de la obra de Pitol se hace con párrafos de Pitol. Con su grano de sal por supuesto, que es el toque que hace valer los párrafos ajenos, porque es sabroso y de propia cosecha: “En esta carta, Sergio Pitol ve su obra con justeza”…
Carballo ha descubierto algo importante para vestirse con todo libro que se publique en Mexico: la minifalda critica. Es un hábil trabajo de confección que consiste, no en reducir a lo esencial un buen estudio crítico, sino en extender una solapa con retazos de ropa usada hasta que llegue casi a las rodillas. No se vaya a creer con esto que Carballo dispone sus rodillas para doblarlas ante el escritor. Aunque su “critica” es positiva y laudatoria, como todas las solapas lo son, es ambivalente: se inclina ante el Nuevo Valor come quien otorga el Éxito.
La ambivalencia tiene sus ventajas. Si la situación fuese que Carballo es un gran escritor que se arriesga por un desconocido, no sería digno de tan gran escritor beneficiarse por eso. Se supondría que estaba hacienda un favor al escritor y un servicio a los lectores, y que su testimonio no estaba en venta, como los del tipo: “Yo también tomo Nescafé”. Pero ni sus servicios son gratuitos, ni Pitol, ni Elizondo, ni Sainz, ni Monsiváis, ni Leñero, necesitan su aval. El que los necesita para figurar es, precisamente, Carballo.
Por otra parle, si la situación fuese que Carballo trabaja en la editorial y redacta sus solapas, con las cuales se gana la vida, con todo derecho, no sería normal que las firmase. Es normal que las solapas sean el grueso de los anuncios de una editorial pera no que sean el grueso de las obras completes de un escritor. Cuando un escritor trabaja en escribir solapas, no se digna firmarlas. Las considera un trabajo servil, no un generoso aval firmado libremente y por cuenta propia.
¿Pero no es más bonito cobrar por acreditarse como Gran Acreditador, aprovechando el viaje de remolque en libros ajenos?

GABRIEL ZAID, 1966. Recogido en Cómo leer en bicicleta.

Derek Walcott: Lorca, Vallejo, Paz, García Márquez

Vivimos en un contexto de traducción, así es como un español lee a Shakespeare o un antillano La Divina Comedia, pero me parece, en medio de mi inmensa ignorancia, que para el idioma inglés es muy difícil, y acaso también para el temperamento de sus hablantes, adaptarse al idioma español, casi como si hubiera que franquear una aduana de inmigrantes. Se baja de una barrera. No nos fundimos con el idioma español de la misma manera que con la pintura española. No escuchamos de entrada, las campanas de las uvas.

Yo he tenido esa dificultad con Lorca, sobre todo con su Poeta en Nueva York, una dificultad que no se reduce a mi ignorancia del español, aunque pienso que el espíritu del idioma español es probablemente el responsable de sus martirizantes abstracciones, ninguna de las cuales martiriza al lector español, pero eso me pasaba con Vallejo, el Vallejo de Trilce, con el primer Neruda e, incluso, con una porción de “Piedra de sol” de Octavio Paz. Los Lorca, Vallejo, Neruda y Paz que disfruto son aquellos donde el verso abstracto aparece de repente como un muro atravesado por la luz del sol o como un campo iluminado súbitamente por la luz que se filtra por una nube partida en dos:
 
Cantan los niños
en la noche serena
 
de Lorca, la poderosa elegía profética de Vallejo: 
 
Me moriré en París con aguacero 
 
y aquellos pasajes de “Piedra de sol”, más cercanos a la ficción y la pintura, que presentan empedrados y balcones y siluetas que se mueven a través de ellos. Del mismo modo que los haikú no funcionan en inglés y paran en humildad afectada, el intento de adaptar el espíritu español al verso inglés tropieza con esta contrastante exigencia de lo real, lo lógico, lo lineal. 

Así, quizá, hasta llegar a García Márquez. Una frase de García Márquez funciona en dos niveles: el nivel del narrador, que en una mitad, o incluso un tercio de la frase asumirá el papel omnisciente del narrador minucioso de Flaubert, luego la frase se desliza, desde la presencia de una voz, no la del narrador, sino la de un entusiasmado testigo que imagina una acción en el idioma corriente, la cual se lee, de entrada como una exageración. Al principio García Márquez me enfurecía, pero luego mudé de oído, y aprendí a acomodar otras voces, a menudo simultáneas, dentro de una frase. En un caso alguien es herido y la sangre cruza la calle y entra en una tienda o en una casa; esta metáfora exasperó mi realismo lógico, que es la naturaleza del idioma inglés; éste argumentaba que la sangre no cruza la calle, ni se arrastra ni entra en una casa. No obstante, yo al principio no comprendía el punto extremo de la exageración que sirve para componer un suceso, una frase, no surreal sino real en el sentido de que así es como la gente narra los acontecimientos, sin cambiar los sustantivos, donde la acción es sustituida por la sangre, y ésta se convierte en el relato de un testigo tranquilo o entusiasmado, en un tiempo verbal, pues dos tiempos se juntan: el pasado de lo que ocurrió en un relato fáctico que solía ser la voz del narrador, y el tiempo presente que prosigue el contexto del suceso, el contenido íntegro con sus dos voces; así, la primera mitad de la frase es la ficción oficial, y la segunda, la parte al parecer exagerada, es la ficción oral o tribal, cuya entonación, en la novela o el relato corto, es el rumor.

Toda obra imaginaria se funda en el rumor, en sucesos que el novelista, o el narrador de relatos cortos, confirma. Comprendo esto ahora porque he prestado oídos a la segunda voz, eso que sobrepasó la barrera o el meridiano de la frase, su censura oculta; entonces escuché el sonido del colombiano, de manera que la voz tribal de Macondo pasó a ser asimismo la de cualquiera de los pueblos costeros de mi propia isla; y así nada me pareció más natural y, también más ineludible, que la prosa de García Márquez.

 

 

En “Un caballero que no se acalora” de  Derek Walcott. Conferencia magistral de la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar en Guadalajara el 9 de marzo de 2000. Traducción de José Luis Rivas. El texto completo, aquí.

 

 

“Cuando a tu corazón lo embargue la miseria…”

POR LAS OREJAS

Cuando a tu corazón lo embargue la miseria, no escuches música.
Vete a donde no haya sino aire, agua y piedras
a comer a hurtadillas el silencio. De lejos
llegarán las palabras de la vida en un eco.

Takayuki Kiyooka (1922-2006)
Versión de Masashi Yano y Aurelio Asiain

De Teotihuacán a Venecia con Octavio Paz

Con algunos cortes, para no rebasar los tres minutos acordados, pero también para no propiciar en la audiencia una imagen equivocada, estas fueron las líneas con que contribuí al “Retrato coral de Octavio Paz” al que me invitaron a participar en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México el 31 de marzo pasado, centenario del nacimiento del poeta.

En “Himno entre ruinas”, poema inicial de La estación violenta, hay estos versos célebres:

En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,
suenan guitarras roncas.
¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,
dónde desenterrar la palabra,
la proporción que rige al himno y al discurso,
al baile, a la ciudad y a la balanza?

Un día, Octavio Paz me confirmó lo que sospechaba: esos muchachos eran él mismo y sus amigos. No recuerdo ya el nombre del que lo había iniciado pero sí que fue en Acapulco, en la resaca de una ruptura amorosa. Me habló de caminatas largas por la playa, de lentos atardeceres en La Quebrada, de visiones cambiantes y, recuerdo bien la frase, de “las perspectivas sorprendentes de un cuadro de Chirico” que habían observado al final de una cena en casa de amigos en París, muchos años después. Guillermo Cabrera Infante cuenta cómo, durante una reunión en su casa en la que se encontraban Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz y Héctor Manjarrez, los dos primeros rechazaron, uno con la excusa de que no necesitaba drogas para divertirse y el otro arguyendo que debía ponerse a trabajar, la rebanada de pastel de marihuana que el poeta no dudó en devorar. En mi imaginación, el departamento londinense y el parisino son el mismo en que, durante una cena con señoras elegantes, José Bianco y Octavio Paz inhalan cocaína ante el cuadro de Chirico que siempre me he representado como El misterio de la hora, pero con marineros ocultos en los portales y cuyos puños dejarán más tarde, hacia la madrugada, unas huellas en el rostro feliz de José Bianco. Esto último ocurre en Marsella, pero la imaginación abre perspectivas sorprendentes.

No era un propagandista de las drogas pero tampoco un puritano. Mucho antes que Milton Friedman, se pronunció por la despenalización e insistió en que el mal no estaba en sustancia alguna sino en una sociedad que ofrecía como salidas puertas falsas. Le preocupaba mucho más el alcoholismo que había acabado no solo con tantos amigos y compañeros de generación, sino con su padre:

Del vómito a la sed,
atado al potro del alcohol,
mi padre iba y venía entre las llamas.
Por los durmientes y los rieles
de una estación de moscas y de polvo
una tarde juntamos sus pedazos.
Yo nunca pude hablar con él.
Lo encuentro ahora en sueños,
esa borrosa patria de los muertos.
Hablábamos siempre de otras cosas.

Un poeta entonces amigo me contó su sorpresa cuando Octavio, al que veía por primera vez, le dijo al verlo asir un caballito de tequila: “Usted bebe demasiado: se ve en la manera en que tomó el vaso. Cuídese.” ¿Cuántas veces me habrá descrito, atribulado, al “pobre de Pepe Revueltas” en el piso, en cuatro patas, rodeado por un grupo de jóvenes borrachos y gritando “¡Soy un perro, Octavio, soy un perro miserable!” ¿Cuántas veces habrá evocado la figura de José Alvarado corriendo por la casa de La Bandida envuelto en una sábana? Al hablar sobre José Gorostiza, era frecuente que se refiriera a los cajones de su escritorio, llenos de medicinas unos, de botellas de whisky otros: “Pepe se llenaba de trabajo y de enfermedades imaginarias para huir de una melancolía que ahogaba todas las noches en alcohol”. (¡Cuántos Pepes: Alvarado, Revueltas, Gorostiza! ¿Habrá en el nombre de José alguna condena?)

Disfrutaba beber, sin embargo. Cuando lo visitaba en su departamento en Reforma, siempre al caer la tarde, era costumbre que hacia las nueve, una vez agotados los asuntos de trabajo y ya que la conversación se internaba por terrenos a la vez más próximos y más impredecibles, Marie-José apareciera en la biblioteca con una botella de whisky, vasos y hielos, o a veces con una de jerez y copas.

Mi mejor whisky con Octavio Paz ocurrió en circunstancias curiosas, en 1991. Había ido yo, hacia las siete de la noche, a sacar dinero de un cajero automático en la calle de Oaxaca, en la colonia Roma. Al salir, en el momento en que introducía la llave en la puerta del automóvil, dos sujetos me encañonaron con sus pistolas, uno a cada costado, mientras otro lo hacía desde el otro lado del auto. Les dije que se llevaran el auto pero me obligaron a ocupar el asiento trasero, acostado, con la cabeza en las piernas de uno de ellos, su pistola en mi sien. Me llevaron a otro cajero y luego me metieron en la cajuela y dieron vueltas durante un par de horas, antes de estacionarse y bajar, dejando el motor encendido. Esperé unos segundos, hice saltar con las piernas el asiento trasero, me senté al volante lo más rápidamente que pude y arranqué en reversa. Estaba en una calle de la Zona Rosa, a media cuadra de Reforma, y la casa más cercana de alguien conocido era la de Octavio y Marie-José. Me dirigí hacia allá, toqué y pregunté por el señor. Octavio apareció en bata, algo desconcertado de que me presentara a esa hora —debían de ser las diez la noche— y sin avisar. “¿Qué pasa?” Hasta entonces había mantenido la cabeza fría, pero apenas lo vi me temblaron las piernas y empecé a tartamudear. “Te voy a hacer un caldo de pollo”, dijo Marie-José. “¿Cómo un caldo de pollo?” —exclamó Octavio. “!Un whisky. Doble!” No pude contarle nada hasta que lo bebí. Cuando escuchó mi narración su primer impulso fue, típicamente, ir tras ellos. Me costó trabajo disuadirlo. Después pensó en llamar a la policía (y lo hizo más tarde, cuando yo me había ido, pese a mis protestas de que sería inútil, como lo fue). Pero luego hablamos, como siempre, de libros y sobre todo al final, largamente, de las memorias de Casanova —la fuga de la cárcel de Los Plomos, desde luego. Volví a mi casa de muy buen humor tras la aventura.

Aurelio Asiain

Danza de dos centenarios

Julio Cortázar, Octavio Paz, Aurora Bernárdez y Marie-José Tramini en los jardines de la Embajada de México en la India, a principios de 1968. La película, grabada con la cámara de Cortázar, fue conservada por Aurora Bernárdez y aprovechada por Eduardo Montes-Bradley en su película Cortázar: apuntes para un documental (Argentina, 2002). Hace años escribió Guillermo Sheridan sobre la danza de Octavio Paz.

Robin Robertson: Unas moscas

LA STANZA DELLE MOSCHE

 

Arde el cuarto en el sol de la mañana,
en la claras ventanas zumban moscas:
golpes y cabezazos en el vidrio. Tronando
una cae de la luz al suelo, negra
vibración susurrante en la pared
previa al arranque y al despegue:
otra vez el gimiente vuelo bajo, otra vez
la incursión infructuosa por el mundo exterior.
Caen en mi mesa y en mis manos, giran
vueltas de espaldas su morosa muerte
en las baldosas blancas, a un lado
y luego al otro, trompos chilladores
que comienzan y paran, en un chisporroteo
de cables en cortocircuito, y gimen
pidiendo un pisotón.

ROBIN ROBERTSON
/ a.a.

 

Dos poemas de Tadashi Amano

ANTIGUALLAS

 

Un callejón sombrío por el que sopla el viento
y una pequeña tienda de antiguallas.
Un montón de basura y chucherías.
Algunas tal vez útiles,
inservibles sin duda casi todas.
Cuánta cosa que más o menos pronto
acabará quebrándose.
Mal apoyado en un bastón dudoso
llega de cuando en cuando un viejecito,
compañero de escuela del que lleva la tienda.
Cobijados por las montañas de deshechos
se diría que son, sentados conversando,
las piezas más valiosas de la tienda.
Pero no tiene precio: les falta la etiqueta.

 

TIEMPO


La que duerme a mi lado
desde hace cuarenta años
todas las noches
duerme a mi lado.

En el verano en un futón ligero de verano
en un grueso futón de invierno en el invierno
todas las noches
duerme a mi lado.

¿Eso vienen a ser cuarenta años?
Un envoltorio de tela
con la boca
entreabierta.

TADASHI AMANO (Kioto, 1909-1993)/ a.a.

Canción de amor

CANCIÓN DE AMOR

Qué ganas de comerme esta mujer.
Toda entera quisiera devorarla.
Sin azúcar ni sal,
sin cocinar,
cruda y viva quisiera devorarla.

Qué ganas de cortarle la cabeza,
arrancarle los brazos y las piernas,
desprenderle los pechos,
dejarla sin cabello,
guardarlo para mí.

Qué ganas de tragarme su canción,
devorar sus trigales,
sus árboles,
sus flores amarillas.
Quisiera devorar la primavera.

Qué ganas de matar al hombre de esta mujer.
Y a los peces que nadan en su vientre, los bichos
que se arrastran, las serpientes que reptan,
los ociosos rinocerontes,
qué ganas de ahuyentarlos
para salvarla
y convocar al sol de su interior.

Qué ganas de sorberle el alma a esta mujer.
De atrapar esa nube.
De capturar el cielo.
De quedarme su luna.
De robarme esa estrella.

Quisiera estar con ella
y protegerla
y comerme a su padre, su madre, sus hermanos,
y a ese dios al que nunca podría devorar.

TOSHIO NAKAE
Versión de Masashi Yano y Aurelio Asiain

“No tengo paz ni puedo hacer la guerra”

CANCIONERO, CXXXIV

No tengo paz ni puedo hacer la guerra
y
espero y temo y ardo estando helado;
vuelo hasta el cielo cuando yazgo en
tierra
y
el mundo entero en vano he abrazado.

Me prendió quien no me abre ni me cierra,
no me retiene y nunca me ha soltado,
no me somete y nunca me deshierra,
no me quiere con vida ni enterrado.

Veo sin ojos y sin lengua clamo,
quiero
morir y ruego por mi suerte
y
a mí me odio como a otros amo.

Me alimenta el dolor, llorando río,
y lo mismo padezco vida y muerte.
Tal es por ti mi estado, amor mío.

FRANCESCO PETRARCA, Cancionero, 134.
Versión de A. A.

CANZONIERE, CXXXIV

Pace non trovo, e non ho da far guerra;
E temo e spero, ed ardo e son un ghiaccio;
E volo sopra ´l cielo e giaccio in terra;
E nullo stringo, e tutto il mondo abbraccio;

Tal m´ha in prigion, che non m´apre, ne serra;
Ne per suo mi riten, ne scoglie il laccio;
E non m´ancide Amor, e non mi sferra;
Ne mi vuol vivo, ne mi trae d´impaccio.

Veggio senz´occhi, e non ho lingue e grido;
E bramo di perir, e cheggio aita;
Ed ho in odio me stesso, ed amo altrui;

Pascomi di dolor, piangendo rido;
Equalmente mi spiace morte e vita,
In questo stato son, Donna, per vui.

FRANCESCO PETRARCA

 

Ghérasim Luca lee “Passionnément”

pas pas paspaspas pas
pasppas ppas pas paspas
le pas pas le faux pas le pas
paspaspas le pas le mau
le mauve le mauvais pas
paspas pas le pas le papa
le mauvais papa le mauve le pas
paspas passe paspaspasse
passe passe il passe il pas pas
il passe le pas du pas du pape
du pape sur le pape du pas du passe
passepasse passi le sur le
le pas le passi passi passi pissez sur
le pape sur papa sur le sur la sur
la pipe du papa du pape pissez en masse
passe passe passi passepassi la passe
la basse passi passepassi la
passio passiobasson le bas
le pas passion le basson et
et pas le basso do pas
paspas do passe passiopassion do
ne do ne domi ne passi ne dominez pas
ne dominez pas vos passions passives ne
ne domino vos passio vos vos
ssis vos passio ne dodo vos
vos dominos d’or
c’est domdommage do dodor
do pas pas ne domi
pas paspasse passio
vos pas ne do ne do ne dominez pas
vos passes passions vos pas vos
vos pas dévo dévorants ne do
ne dominez pas vos rats
pas vos rats
ne do dévorants ne do ne dominez pas
vos rats vos rations vos rats rations ne ne
ne dominez pas vos passions rations vos
ne dominez pas vos ne vos ne do do
minez minez vos nations ni mais do
minez ne do ne mi pas pas vos rats
vos passionnantes rations de rats de pas
pas passe passio minez pas
minez pas vos passions vos
vos rationnants ragoûts de rats dévo
dévorez-les dévo dédo do domi
dominez pas cet a cet avant-goût
de ragoût de pas de passe de
passi de pasigraphie gra phiphie
graphie phie de phie
phiphie phéna phénakiki
phénakisti coco
phénakisticope phiphie
phopho phiphie photo do do
dominez do photo mimez phiphie
photomicrographiez vos goûts
ces poux chorégraphiques phiphie
de vos dégoûts de vos dégâts pas
pas ça passio passion de ga
coco kistico ga les dégâts pas
le pas pas passiopas passion
passion passioné né né
il est né de la né
de la néga ga de la néga
de la négation passion gra cra
crachez cra crachez sur vos nations cra
de la neige il est il est né
passioné né il est né
à la nage à la rage il
est né à la né à la nécronage cra rage il
il est né de la né de la néga
néga ga cra crachez de la né
de la ga pas néga négation passion
passionné nez pasionném je
je t’ai je t’aime je
je je jet je t’ai jetez
je t’aime passionném t’aime
je t’aime je je jeu passion j’aime
passionné éé ém émer
émerger aimer je je j’aime
émer émerger é é pas
passi passi éééé ém
éme émersion passion
passionné é je
je t’ai je t’aime je t’aime
passe passio ô passio
passio ô ma gr
ma gra cra crachez sur les rations
ma grande ma gra ma té
ma té ma gra
ma grande ma té
ma terrible passion passionnée
je t’ai je terri terrible passio je
je je t’aime
je t’aime je t’ai je
t’aime aime aime je t’aime
passionné é aime je
t’aime passioném
je t’aime
passionnément aimante je
t’aime je t’aime passionnément
je t’ai je t’aime passionné né
je t’aime passionné
je t’aime passionnément je t’aime
je t’aime passio passionnément

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