El blog de Aurelio Asiain

Todo lo que está aquí ocupa más de 140 golpes de teclado.

“Cuando a tu corazón lo embargue la miseria…”

POR LAS OREJAS

Cuando a tu corazón lo embargue la miseria, no escuches música.
Vete a donde no haya sino aire, agua y piedras
a comer a hurtadillas el silencio. De lejos
llegarán las palabras de la vida en un eco.

Takayuki Kiyooka (1922-2006)
Versión de Masashi Yano y Aurelio Asiain

De Teotihuacán a Venecia con Octavio Paz

Con algunos cortes, para no rebasar los tres minutos acordados, pero también para no propiciar en la audiencia una imagen equivocada, estas fueron las líneas con que contribuí al “Retrato coral de Octavio Paz” al que me invitaron a participar en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México el 31 de marzo pasado, centenario del nacimiento del poeta.

En “Himno entre ruinas”, poema inicial de La estación violenta, hay estos versos célebres:

En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,
suenan guitarras roncas.
¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,
dónde desenterrar la palabra,
la proporción que rige al himno y al discurso,
al baile, a la ciudad y a la balanza?

Un día, Octavio Paz me confirmó lo que sospechaba: esos muchachos eran él mismo y sus amigos. No recuerdo ya el nombre del que lo había iniciado pero sí que fue en Acapulco, en la resaca de una ruptura amorosa. Me habló de caminatas largas por la playa, de lentos atardeceres en La Quebrada, de visiones cambiantes y, recuerdo bien la frase, de “las perspectivas sorprendentes de un cuadro de Chirico” que habían observado al final de una cena en casa de amigos en París, muchos años después. Guillermo Cabrera Infante cuenta cómo, durante una reunión en su casa en la que se encontraban Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz y Héctor Manjarrez, los dos primeros rechazaron, uno con la excusa de que no necesitaba drogas para divertirse y el otro arguyendo que debía ponerse a trabajar, la rebanada de pastel de marihuana que el poeta no dudó en devorar. En mi imaginación, el departamento londinense y el parisino son el mismo en que, durante una cena con señoras elegantes, José Bianco y Octavio Paz inhalan cocaína ante el cuadro de Chirico que siempre me he representado como El misterio de la hora, pero con marineros ocultos en los portales y cuyos puños dejarán más tarde, hacia la madrugada, unas huellas en el rostro feliz de José Bianco. Esto último ocurre en Marsella, pero la imaginación abre perspectivas sorprendentes.

No era un propagandista de las drogas pero tampoco un puritano. Mucho antes que Milton Friedman, se pronunció por la despenalización e insistió en que el mal no estaba en sustancia alguna sino en una sociedad que ofrecía como salidas puertas falsas. Le preocupaba mucho más el alcoholismo que había acabado no solo con tantos amigos y compañeros de generación, sino con su padre:

Del vómito a la sed,
atado al potro del alcohol,
mi padre iba y venía entre las llamas.
Por los durmientes y los rieles
de una estación de moscas y de polvo
una tarde juntamos sus pedazos.
Yo nunca pude hablar con él.
Lo encuentro ahora en sueños,
esa borrosa patria de los muertos.
Hablábamos siempre de otras cosas.

Un poeta entonces amigo me contó su sorpresa cuando Octavio, al que veía por primera vez, le dijo al verlo asir un caballito de tequila: “Usted bebe demasiado: se ve en la manera en que tomó el vaso. Cuídese.” ¿Cuántas veces me habrá descrito, atribulado, al “pobre de Pepe Revueltas” en el piso, en cuatro patas, rodeado por un grupo de jóvenes borrachos y gritando “¡Soy un perro, Octavio, soy un perro miserable!” ¿Cuántas veces habrá evocado la figura de José Alvarado corriendo por la casa de La Bandida envuelto en una sábana? Al hablar sobre José Gorostiza, era frecuente que se refiriera a los cajones de su escritorio, llenos de medicinas unos, de botellas de whisky otros: “Pepe se llenaba de trabajo y de enfermedades imaginarias para huir de una melancolía que ahogaba todas las noches en alcohol”. (¡Cuántos Pepes: Alvarado, Revueltas, Gorostiza! ¿Habrá en el nombre de José alguna condena?)

Disfrutaba beber, sin embargo. Cuando lo visitaba en su departamento en Reforma, siempre al caer la tarde, era costumbre que hacia las nueve, una vez agotados los asuntos de trabajo y ya que la conversación se internaba por terrenos a la vez más próximos y más impredecibles, Marie-José apareciera en la biblioteca con una botella de whisky, vasos y hielos, o a veces con una de jerez y copas.

Mi mejor whisky con Octavio Paz ocurrió en circunstancias curiosas, en 1991. Había ido yo, hacia las siete de la noche, a sacar dinero de un cajero automático en la calle de Oaxaca, en la colonia Roma. Al salir, en el momento en que introducía la llave en la puerta del automóvil, dos sujetos me encañonaron con sus pistolas, uno a cada costado, mientras otro lo hacía desde el otro lado del auto. Les dije que se llevaran el auto pero me obligaron a ocupar el asiento trasero, acostado, con la cabeza en las piernas de uno de ellos, su pistola en mi sien. Me llevaron a otro cajero y luego me metieron en la cajuela y dieron vueltas durante un par de horas, antes de estacionarse y bajar, dejando el motor encendido. Esperé unos segundos, hice saltar con las piernas el asiento trasero, me senté al volante lo más rápidamente que pude y arranqué en reversa. Estaba en una calle de la Zona Rosa, a media cuadra de Reforma, y la casa más cercana de alguien conocido era la de Octavio y Marie-José. Me dirigí hacia allá, toqué y pregunté por el señor. Octavio apareció en bata, algo desconcertado de que me presentara a esa hora —debían de ser las diez la noche— y sin avisar. “¿Qué pasa?” Hasta entonces había mantenido la cabeza fría, pero apenas lo vi me temblaron las piernas y empecé a tartamudear. “Te voy a hacer un caldo de pollo”, dijo Marie-José. “¿Cómo un caldo de pollo?” —exclamó Octavio. “!Un whisky. Doble!” No pude contarle nada hasta que lo bebí. Cuando escuchó mi narración su primer impulso fue, típicamente, ir tras ellos. Me costó trabajo disuadirlo. Después pensó en llamar a la policía (y lo hizo más tarde, cuando yo me había ido, pese a mis protestas de que sería inútil, como lo fue). Pero luego hablamos, como siempre, de libros y sobre todo al final, largamente, de las memorias de Casanova —la fuga de la cárcel de Los Plomos, desde luego. Volví a mi casa de muy buen humor tras la aventura.

Aurelio Asiain

Danza de dos centenarios

Julio Cortázar, Octavio Paz, Aurora Bernárdez y Marie-José Tramini en los jardines de la Embajada de México en la India, a principios de 1968. La película, grabada con la cámara de Cortázar, fue conservada por Aurora Bernárdez y aprovechada por Eduardo Montes-Bradley en su película Cortázar: apuntes para un documental (Argentina, 2002). Hace años escribió Guillermo Sheridan sobre la danza de Octavio Paz.

Robin Robertson: Unas moscas

LA STANZA DELLE MOSCHE

 

Arde el cuarto en el sol de la mañana,
en la claras ventanas zumban moscas:
golpes y cabezazos en el vidrio. Tronando
una cae de la luz al suelo, negra
vibración susurrante en la pared
previa al arranque y al despegue:
otra vez el gimiente vuelo bajo, otra vez
la incursión infructuosa por el mundo exterior.
Caen en mi mesa y en mis manos, giran
vueltas de espaldas su morosa muerte
en las baldosas blancas, a un lado
y luego al otro, trompos chilladores
que comienzan y paran, en un chisporroteo
de cables en cortocircuito, y gimen
pidiendo un pisotón.

ROBIN ROBERTSON
/ a.a.

 

Dos poemas de Tadashi Amano

ANTIGUALLAS

 

Un callejón sombrío por el que sopla el viento
y una pequeña tienda de antiguallas.
Un montón de basura y chucherías.
Algunas tal vez útiles,
inservibles sin duda casi todas.
Cuánta cosa que más o menos pronto
acabará quebrándose.
Mal apoyado en un bastón dudoso
llega de cuando en cuando un viejecito,
compañero de escuela del que lleva la tienda.
Cobijados por las montañas de deshechos
se diría que son, sentados conversando,
las piezas más valiosas de la tienda.
Pero no tiene precio: les falta la etiqueta.

 

TIEMPO


La que duerme a mi lado
desde hace cuarenta años
todas las noches
duerme a mi lado.

En el verano en un futón ligero de verano
en un grueso futón de invierno en el invierno
todas las noches
duerme a mi lado.

¿Eso vienen a ser cuarenta años?
Un envoltorio de tela
con la boca
entreabierta.

TADASHI AMANO (Kioto, 1909-1993)/ a.a.

Canción de amor

CANCIÓN DE AMOR

Qué ganas de comerme esta mujer.
Toda entera quisiera devorarla.
Sin azúcar ni sal,
sin cocinar,
cruda y viva quisiera devorarla.

Qué ganas de cortarle la cabeza,
arrancarle los brazos y las piernas,
desprenderle los pechos,
dejarla sin cabello,
guardarlo para mí.

Qué ganas de tragarme su canción,
devorar sus trigales,
sus árboles,
sus flores amarillas.
Quisiera devorar la primavera.

Qué ganas de matar al hombre de esta mujer.
Y a los peces que nadan en su vientre, los bichos
que se arrastran, las serpientes que reptan,
los ociosos rinocerontes,
qué ganas de ahuyentarlos
para salvarla
y convocar al sol de su interior.

Qué ganas de sorberle el alma a esta mujer.
De atrapar esa nube.
De capturar el cielo.
De quedarme su luna.
De robarme esa estrella.

Quisiera estar con ella
y protegerla
y comerme a su padre, su madre, sus hermanos,
y a ese dios al que nunca podría devorar.

TOSHIO NAKAE
Versión de Masashi Yano y Aurelio Asiain

“No tengo paz ni puedo hacer la guerra”

CANCIONERO, CXXXIV

No tengo paz ni puedo hacer la guerra
y
espero y temo y ardo estando helado;
vuelo hasta el cielo cuando yazgo en
tierra
y
el mundo entero en vano he abrazado.

Me prendió quien no me abre ni me cierra,
no me retiene y nunca me ha soltado,
no me somete y nunca me deshierra,
no me quiere con vida ni enterrado.

Veo sin ojos y sin lengua clamo,
quiero
morir y ruego por mi suerte
y
a mí me odio como a otros amo.

Me alimenta el dolor, llorando río,
y lo mismo padezco vida y muerte.
Tal es por ti mi estado, amor mío.

FRANCESCO PETRARCA, Cancionero, 134.
Versión de A. A.

CANZONIERE, CXXXIV

Pace non trovo, e non ho da far guerra;
E temo e spero, ed ardo e son un ghiaccio;
E volo sopra ´l cielo e giaccio in terra;
E nullo stringo, e tutto il mondo abbraccio;

Tal m´ha in prigion, che non m´apre, ne serra;
Ne per suo mi riten, ne scoglie il laccio;
E non m´ancide Amor, e non mi sferra;
Ne mi vuol vivo, ne mi trae d´impaccio.

Veggio senz´occhi, e non ho lingue e grido;
E bramo di perir, e cheggio aita;
Ed ho in odio me stesso, ed amo altrui;

Pascomi di dolor, piangendo rido;
Equalmente mi spiace morte e vita,
In questo stato son, Donna, per vui.

FRANCESCO PETRARCA

 

Ghérasim Luca lee “Passionnément”

pas pas paspaspas pas
pasppas ppas pas paspas
le pas pas le faux pas le pas
paspaspas le pas le mau
le mauve le mauvais pas
paspas pas le pas le papa
le mauvais papa le mauve le pas
paspas passe paspaspasse
passe passe il passe il pas pas
il passe le pas du pas du pape
du pape sur le pape du pas du passe
passepasse passi le sur le
le pas le passi passi passi pissez sur
le pape sur papa sur le sur la sur
la pipe du papa du pape pissez en masse
passe passe passi passepassi la passe
la basse passi passepassi la
passio passiobasson le bas
le pas passion le basson et
et pas le basso do pas
paspas do passe passiopassion do
ne do ne domi ne passi ne dominez pas
ne dominez pas vos passions passives ne
ne domino vos passio vos vos
ssis vos passio ne dodo vos
vos dominos d’or
c’est domdommage do dodor
do pas pas ne domi
pas paspasse passio
vos pas ne do ne do ne dominez pas
vos passes passions vos pas vos
vos pas dévo dévorants ne do
ne dominez pas vos rats
pas vos rats
ne do dévorants ne do ne dominez pas
vos rats vos rations vos rats rations ne ne
ne dominez pas vos passions rations vos
ne dominez pas vos ne vos ne do do
minez minez vos nations ni mais do
minez ne do ne mi pas pas vos rats
vos passionnantes rations de rats de pas
pas passe passio minez pas
minez pas vos passions vos
vos rationnants ragoûts de rats dévo
dévorez-les dévo dédo do domi
dominez pas cet a cet avant-goût
de ragoût de pas de passe de
passi de pasigraphie gra phiphie
graphie phie de phie
phiphie phéna phénakiki
phénakisti coco
phénakisticope phiphie
phopho phiphie photo do do
dominez do photo mimez phiphie
photomicrographiez vos goûts
ces poux chorégraphiques phiphie
de vos dégoûts de vos dégâts pas
pas ça passio passion de ga
coco kistico ga les dégâts pas
le pas pas passiopas passion
passion passioné né né
il est né de la né
de la néga ga de la néga
de la négation passion gra cra
crachez cra crachez sur vos nations cra
de la neige il est il est né
passioné né il est né
à la nage à la rage il
est né à la né à la nécronage cra rage il
il est né de la né de la néga
néga ga cra crachez de la né
de la ga pas néga négation passion
passionné nez pasionném je
je t’ai je t’aime je
je je jet je t’ai jetez
je t’aime passionném t’aime
je t’aime je je jeu passion j’aime
passionné éé ém émer
émerger aimer je je j’aime
émer émerger é é pas
passi passi éééé ém
éme émersion passion
passionné é je
je t’ai je t’aime je t’aime
passe passio ô passio
passio ô ma gr
ma gra cra crachez sur les rations
ma grande ma gra ma té
ma té ma gra
ma grande ma té
ma terrible passion passionnée
je t’ai je terri terrible passio je
je je t’aime
je t’aime je t’ai je
t’aime aime aime je t’aime
passionné é aime je
t’aime passioném
je t’aime
passionnément aimante je
t’aime je t’aime passionnément
je t’ai je t’aime passionné né
je t’aime passionné
je t’aime passionnément je t’aime
je t’aime passio passionnément

Maxine W. Kumin: Después del amor

DESPUÉS DEL AMOR

Los cuerpos recobran sus límites.

Así estas piernas, mías.
Tus brazos te devuelven a ti mismo.

Nuestros dedos cucharas, nuestros
labios se pliegan a sus posesivos.

Los sábanas bostezan, una puerta
mal cerrada golpea sin por qué

mientras de lo alto cae el sonsonete
monótono de un avión.

Nada ha cambiado,
pero en cierto momento

el lobo, el intrigante lobo
a las puertas del yo

bajó la guardia y se durmió.

*
MAXINE W. KUMIN (1925-2014)
Versión de A. A.
El original, aquí.

Mizuki Misumi: Silencio

SILENCIO

Los que no conocen la guerra
se preparan para luchar.
Yo nada más
horneo pan.
Horneo pan
para vivir.

Lo meto en una bolsa
con manzanas pulidas
y mermelada fina.
Aún falta mucho para que amanezca.

Los que no conocen la guerra
se preparan para luchar.
Yo horneo pan para vivir

Quién desapareció
no fui yo sino él.
Y luego, la memoria.

MIZUKI MISUMI
de 夜の分布図

Mizuki Misumi (Kagoshima, 1981) empezó a escribir poesía a los doce años. En 2004 la señaló el premio de la prestigiosa revista Gendai Shi Techô (Cuaderno de poesía moderna). Su primer libro, オウバアキル (Overkill , 2004), recibió el premio Chuya Nakahara; el siguiente, カナシヤル (Tristemente). De ese año es también 幸せのカタチ (La forma de la felicidad, 2006), el Premio Rekiteki para Nuevos Valores y el Premio de Literatura del Sur de Japón. A los otros títulos de su bibliografía hay que sumar dos álbumes musicales. Practica también, con buen éxito, muchas otras formas de poesía: improvisaciones, performances, poemas colectivos, videos, fotografía…

Aquí, otro poema suyo: Conmigo como base

Blog, misumimizuki.com
Twitter: @misumimizuki
Instagram: misumimizuki
Facebook: misumi.mizuki
Wikipedia: 三角みづ紀
Amazon:  三角みづ記

En YouTube, entre otros:

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 31.355 seguidores