El blog de Aurelio Asiain

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Kevin Young: Oda al Medio Oeste

Andreas Gursky, 99 Cent, 1999

El país del que vengo
     se llama el Medio Oeste

                     —Bob Dylan


Quiero que me sumerjan
en queso

y que me frían. Quiero
pasear entre anaqueles

rebosantes en el supermercado
de mi corazón, altos

como el colesterol. Quiero morir
en sudadera, quiero

vivir ya siempre
llevando un suéter navideño,

al frente un oso de peluche
enfermero. Quiero pagar

con un cheque en la caja rápida.
Quiero barrer

mi entrada muy temprano,

antes que nadie
se haya despertado,

y que se mueran de vergüenza.
Quiero ver lo que el sol

ve antes de decirle
a la nieve que ya se vaya. Quiero

ser el único negro que conozco.

Quiero tirar
mi espalda y no

quejarme. Quiero
conducir dos

cuadras. Quién quiere caminar.

Quiero amor y esas cosas.

Quiero cortar
mis suturas yo mismo.

Quiero correr
hasta el río

y que sea mi cama…

quiero andar
por sus bancos lodosos

y hacerme un retiro.

Quise arrojarme:
estaba congelado.

Iré a casa, supongo,
a mis habitaciones donde brilla

la luna y cambia
como la tele.

El original, aquí

Galway Kinnel: La mosca

Esa mosca
a la que acabo de arrojar
de mi cara no cesa de zumbar
junto a mí, car-
nívora á-
vida de alma.

Puede que un día aprenda a soportar
sus pasos de esporádica llovizna
en el párpado o la mejilla,
y hasta a escuchar mi propio canto
en su canción quemada.

Flor de lis en la carne, una abeja,
con su mechón de sol sobre la espalda,
le brinda amor sexual a la flor del narciso.
Su canto es puro cumplimiento
y pica y muere
y todo lo que toca
se abre y se abre.

Y sin embargo nuestro adiós último
es a la mosca última,
la carne mosca última,
lo último absoluto, su
última sucia realidad desnuda.

Leonardo Sinisgalli: moscas

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©Magnus Muhr

La mosca es poesía

“La mosca es poesía: irascible, punzante y siempre un poco aburrida. La poesía conoce los buenos y los malos tiempos, zumba alrededor del estiércol y la rosa, olfatea la cara de Laura viva y muerta, le hace compañía a Silvia que cose y al perro que duerme”.

En Quadernetto alla polvere, 1948

 

En casa

En casa hablamos
con las moscas vivimos
en compañía de las moscas
en invierno en verano
dónde está la mosca
cómo está la mosca
desapareció la mosca
y gritamos cuando regresa

De Mosche in bottiglia, 1975

Jean-Paul de Dadelsen: Lógica formal

Lógica formal

   Pero, dice un ángel,

   Puesto que, al parecer, el hombre es
1) formado a imagen de Dios,
2) mortal, perecedero, limitado,
    un poco estúpido a decir verdad,
    y ambas proposiciones son
    incompatibles,
    el hombre, en conclusión, no existe.

Traduje por primera vez a Jean-Paul de Dadelsen en 1988. Veocon satisfacción, recorriendo la web, que las ediciones de su poesía, entonces difícil de encontrar, se han multiplicado. Es un poeta para esta época.

Tadashi Amano: Hogar

 

Alcé la voz
regañando a mi hijo
y ahora
en voz muy baja
tranquilizo a mi perro.

Eres
tan bueno,
eres
tan bueno…

Molesto,
el perro
mueve la cola
de mala gana.

 

家庭
天野忠

大きな声で
子供を叱ったので
いまは
小さな声で
犬を撫でている。

いい子だな
おまえは
いい子だよ
おまえは…。

迷惑そうに
犬は
しぶしぶ尾を振っている。

 

Otros dos poemas de Tadashi Amano, aquí.

Franketiénne: Dialecto de los ciclones

    Uso todos los días el dialecto de los ciclones enloquecidos.
Digo la locura de los vientos en contra.
    Uso todas las tardes el patois de las lluvias furiosas.
Digo la furia de las aguas que se desbordan.
    Les hablo todas las noches a las islas caribes con el lenguaje de tempestades histéricas. Digo la histeria de la mar en celo.
    Dialecto de los ciclones. Patois de las lluvias. Lenguaje de las tormentas del idioma. La vida en espiral desenvolviéndose.
    Fundamentalmente la vida es tensión. Hacia algo. Hacia alguien. Hacia uno mismo. Hacia el punto de maduración en que se desenredan lo viejo y lo nuevo, la muerte y el nacimiento. Y todo ser se realiza en parte en la búsqueda de su doble, una búsqueda que se confunde en el límite con la intensidad de una necesidad, un deseo y una empresa sin fin.
    Pasan unos perros —siempre me osesionaron los perros callejeros— y le ladran a la silueta de la mujer a la que sigo. Luego la imagen del hombre al que busco. Luego mi doble. Luego un rumor de voces que se escapan. Durante tantos años. Treinta siglos, diríamos.
    La mujer se fue sin mayor alharaca. Con mi corazón sin ton ni son. El hombre nunca me dio la mano. Mi doble está siempre delante de mí. Y las gargantas desbaratadas de los perros nocturnos aúllan terriblemente con el ruido de un acordeón roto.
    Entonces me resuelvo en tempestad de palabras que claman la hipocresía de las nubes y la falsedad del silencio. Ríos. Tempestads. Relámpagos. Montañas. Árboles. Luces. Lluvias. Océanos salvajes. ¡Llévenme en la médula frenética de sus articulaciones! ¡Llévenme! Una pizca de claridad basta para hacerme posible. Para aceptar la vida. La tensión. La ley inexorable de la maduración. La ósmosis y la simbiosis. ¡Llévenme! El rumor de unos pasos, una mirada, una voz conmovida bastan para que viva feliz con la esperanza de que es posible el despertar de los hombres. ¡Llévenme! Porque una nada basta para que diga la savia que circula en la médula de las articulaciones cósmicas.
    Dialecto de los ciclones. Patois de las lluvias. Lenguaje de las tempestades. Digo la vida en espiral desenvolviéndose.

Snow-Storm, engraved by R. Brandard published 1859-61 by Joseph Mallord William Turner 1775-1851

Versión de Aurelio Asiain

La imagen de la espiral, que articula este poema, es recurrente en la obra de Franketiénne (1936, Ravine-Sèche, Haiti), patriarca de las letras haitianas y uno de los poetas mayores del Caribe. Ha sido candidato al Premio Nobel.

Sholeh Wolpé: Es un mundo de hombres

Es un mundo de hombres

Soy mujer. Eso es todo.
Es pecado mirarme:
por eso llevo un velo.
Mi voz tienta y yo debo
guardar silencio.
Es un crimen el pensamiento
y otro los libros: su alimento.
Tengo que soportarlo todo
y morir sin escándalo
sin una queja.
Solo entonces
me admitirá Dios a su lado
y tendida en el mármol de una nube, desnuda,
pondré uvas en la boca de los santos,
serviré vino de doradas urnas,
les hablaré de amores al oído.

*

Sholeh Wolpé
Versión de Aurelio Asiain

Sholeh Wolpé nació en Irán (1962) pero creció en Trinidad y en Gran Bretaña, vive en Los Ángeles y escribe en inglés. Lo primero suyo que leí fue Sin, espléndida antología de Forugh Farrokhzad, la mayor voz poética iraní (preferiría decir: persa) de nuestra época. Casi inmediatamente después, su antología de poesía iraní en el exilio: Forbidden. En fin, los poemas de Keeping Time with Blue Hyacinths, su tercera colección. Está por aparecer una selección de su obra poética en México. Ya se puede preordenar en Amazon su versión de The Conference of Birds, el gran poema de Attar, que se publicará en marzo de 2017. Este poema, que publico con autorización de la autora, es el que eligió Sheema Kalbasi para abrir su The Poetry of Iranian Women.

Geoffrey Hill en versión de Gabriel Zaid

RESPúBLICA

 

Aguda, estridente,
cívica, fanfarria
del desorden. Es
nuestra bandera.

Desatada insolencia
de sumarse
sin distinguirse. Heroismo
de la multitud

gastado en una bronca,
testimonio último
desde hace siglos
que se le concede

como una amnistía.
Y otras lealtades
y enterezas
rotas al invocar

entre jadeos
la cosa pública,
sus leyes arcaicas,
el himnario de goyas.

Y la esperanza en ruinas
tantas veces traída
gloriosamente
desde el más allá.

Murió antier, nacido en 1932, el poeta inglés Geoffrey Hill. En 1994 había aparecido una edición de sus Collected Poems y me atreví, porque advertía las resonancias, a pedirle a Gabriel Zaid que tradujera para Vuelta uno de sus poemas. Su versión me sorprendió, no por la eficacia —que era de esperarse— sino por la libertad de la apropiación. El poema es un cuerpo rencarnado, desde el primer aliento hasta la felicidad del “himnario de goyas” en la penúltima estrofa y el eco, al abrirse la última, de la Lectura de Shakespeare del traductor.

La versión de Zaid apareció en Vuelta en febrero de 1995. La versión de Geoffrey Hill puede leerse en el sitio de Poetry Foundation.

Claude-Michel Cluny: Kôya-san

Muy arriba, muy lejos, encontrarán un pueblo de piedra encaramado, un pueblo gris que se amontona bajo las criptomerias y los helechos gigantes. Un pueblo impávido y frío, que no se mueve. O que ya no se mueve. Definitivo. Sentado en los escalones del infinito. Tenderse o quebrarse, no es algo que le preocupe. Se diría ocupado en mascar y escupir la neblina, indiferente a los desórdenes de sus cimientos y al tumulto del mundo. ¿Pero sólo la voz de los gongs —burbujas cobrizas que suben del fondo de los años y vienen a morir aquí en el silencio—, sólo la voz de los gongs habla del mundo?
Se accede a su ámbito a través de un valle bordeado por la inutilidad de las linternas vacías y los altares sin ofrenda. Al otro lado el pensamiento alimenta grandes cuervos piojosos. Por él roban. Le entregan dócilmente, para compartirlas, la paja y la corteza insanas del más allá.

Claude-Michel Cluny / aa

Hace años colaboré en la tradución de un librito precioso de Claude–Michel Cluny, hoy inconseguible: Los Osoletas (Ediciones Heliópolis, México, 1995). Esta página pertenece a sus Poèmes du fond de l’œil. Tomé la foto en Kôya-san el 4 de abril de 2004.
Publicado antes aquí.

2015/01/img_2143.jpg

Donald Justice: A los cuarenta

A los cuarenta
aprenden a cerrar sin hacer ruido
las puertas de los cuartos
a los que nunca volverán.

Detenidos en el rellano, sienten
que ya se mueve igual que la cubierta
de un barco,
aunque es leve el oleaje.

Y en lo hondo del espejo
vuelven a ver el rostro del muchacho
que en secreto practica el nudo
en la corbata de su padre

y el rostro de ese padre,
que aún cobija el misterio de la espuma.
Son más padres que hijos ya ellos mismos.
Algo los colma, algo

como al ocaso el vasto vocerío
de los grillos que colma el bosque
a los pies de la cuesta a las espaldas
de sus casas hipotecadas.

DONALD JUSTICE,
versión de Aurelio Asiain

(Aquí, la versión de Pedro Poitevin)
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