El blog de Aurelio Asiain

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Mes: septiembre, 2013

Mizuki Misumi: Conmigo como base


Conmigo como base.
Muchas mujeres pasan.
Alguna se detiene.
Mis contornos se tuercen
y yo me descompongo.
Qué claro el cielo.
No he visto otro tan azul.
Se evaporan las lágrimas,
se convierten en nubes,
en lluvia ácida que nos disuelve.
De principio a fin
no hago otra cosa
que decaer,
disolverme,
pudrirme,
volverme tu composta.
Conmigo como base,
tú creces.
Tiendo las manos débilmente al sol.
Mi brazos se deshacen.

*

MIZUKI MISUMI,
—versión de Aurelio Asiain

Página web: http://misumimizuki.com/
Twitter: https://twitter.com/misumimizuki

Seamus Heaney: OSTRAS

Nuestras conchas sonaron en los platos.
Fue un estuario colmándose mi lengua,
mi paladar un constelado azoro:
mientras probaba las saladas Pléyades
Orion metió su pie en el agua.

Yacían, vivas y violadas,
en sus lechos de hielo:
Bivalvas: bulbo hendido
y el suspiro galante del océano.
Por millones violadas, desconchadas, dispersas.

Habíamos llegado hasta la costa
conduciendo entre flores y caliza
y brindábamos ya por la amistad,
asentando un recuerdo inmaculado
bajo techos de paja y entre platos de barro.

Por los Alpes, en heno y nieve envueltas,
los romanos llevaban ostras al sur, a Roma.
Vi las alforjas húmedas verter
en labios como frondas la picante salmuera
al hartazgo de los privilegiados.

Me enojó no poder apoyar mi confianza
en la luz clara, como la poesía o la libertad
que entraban desde el mar. Apuré el día
a conciencia, para que su regusto
me urgiera al puro verbo, al verbo puro.

SEAMUS HEANEY / a. a.

Enju Tanaka: Humedad

湿度

Qué insoportable
esta humedad de junio
en que me enredo.
Voy caminando en fila,
con los brazos cruzados.

Hace ya mucho
caminaba del brazo
de un hombre
y sobre mi caía
una lluvia excesiva.

Parecería
que a oscuras la humedad
se hace más densa.
Estiro cuanto puedo
las piernas en el cuarto.

Siempre que baja
la presión atmosférica
es doloroso.
Sólo se oye un sonido:
es el de tus pulmones.

Ah, cómo pesa
en el cuarto la ropa
puesta a secar.
Me llegan los murmullos
de lo que hice a un lado.

Parecería
que tuviera otra piel
bajo la piel.
Y tal vez en los ojos
un doble cristalino.

Por todos lados
huellas de pies desnudos
y pegajosos.
Bien pisoteada esa
armonía doméstica.

De las rodillas
para abajo desnuda,
qué largos huesos,
qué cuerpo tan extraño.
Vamos a pelar nísperos.

Toda la ropa
del invierno, tan gruesa,
se ha vuelto inútil
y ahora hay que llevarla
a la tintorería.

Suda uno a chorros,
no deja de chorrear
un solo instante.
Qué humedad espantosa
es la humedad de junio.

Te regalaron
una copa de vino:
como en su caja
de terciopelo en una
grieta la guardas.

Tú ya no eres
la de todos los días:
temperatura
del cuarto regulada
y una manta en los hombros.

Está en la sala,
levemente sudado
y sin embargo
durante el sueño siempre
desprotegido el cuello.

Tanta humedad
le llega hasta a los muertos.
Como una suave
mentira va envolviendo
el agua de tu cuello.

Control remoto:
aire acondicionado:
dos grados menos.
Y la temperatura
es la misma en mi pecho.

Ginebra, vodka,
ronrico y luego otras
espirituosas.
Alcoholes tan fuertes
que nos duela beberlos.

Peptobismol
antes de emborracharse.
En días claros
también llevar paraguas.
Esa clase de vida.

Voy a pensar,
con la temperatura
del cuarto al minimo,
mientras me voy secando,
qué cosas increíbles.

Ropa arrojada
al suelo, como escamas.
Duele quitárselas,
tal vez porque así estamos
más cerca de los muertos.

Tanta humedad
no nos deja siquiera
salir del cuarto.
¡Con llave, sí, con llave,
cerrar, cerrar con llave!

ENJU TANAKA / a. a.

*

Ayer, en Kioto, la humedad del aire era de 98% y me acordé de este poema, que traduje en el verano de 2005, para una lectura colectiva. La he retocado apenas. Enju Tanaka (田中槐, Hamamatsu-shi, Shizuoka, 1960) es una reconocida practicante de tanka y fue, durante años, crítica de poesía en el Asahi, uno de los mayores diarios de Japón.