René Daumal : LA PALABRA Y LA MOSCA

LA PALABRA Y LA MOSCA
Un mago solía divertir a la gente con el siguiente truco. Habiendo ventilado bien el cuarto y cerrado las ventanas, se inclinaba sobre una gran mesa de caoba y pronunciaba cuidadosamente la palabra “mosca”. Y en seguida una mosca trotaba en medio de la mesa, tanteando el barniz con su muelle trompita y frotándose las manos como cualquier mosca natural. Entonces, de nuevo, el mago se inclinaba sobre la mesa y pronunciaba la palabra “mosca”. Y el insecto caía rígido da espaldas, como fulminado. Al observar su cadáver con una lupa, no veíamos sino un cascarón vacío y seco, que no contenía víscera alguna, ningún humor, ninguna luz en los ojos múltiples. El mago miraba entonces a sus invitados con una mirada modesta, buscando las felicitaciones, que se le concedían debidamente.

Siempre encontré bastante miserable el truco. ¿En qué acababa? Al principio, no había nada, y al final, un cadáver de mosca. ¡Menuda hazaña! Había luego que deshacerse de los cadáveres, aunque una vieja admiradora del mago los coleccionaba, cuando lograba recogerlos a hurtadillas. Esto desmentía la regla de que “no hay dos sin tres”. Esperábamos que profiriera por tercera vez la palabra “mosca”, eliminando sin dejar rastro el cadáver del insecto. Todo habría vuelto a quedar así como al principio, salvo en nuestra memoria, ya bastante atestada.

Debo aclarar que era un mago bastante mediocre, un fracasado que, después de haberse ejercitado con tan poca felicidad en la poesía y en la filosofía, había transportado sus ambiciones al arte de la prestidigitación; pero hasta allí seguía faltándole algo.

  • RENÉ DAUMAL / a.a.