El blog de Aurelio Asiain

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Mes: febrero, 2013

Pensar en viñetas es muy ilustrativo

Cartón de Ros en The Huffington Post en respuesta a la incitación de un tuit:

El sueño de la cazadora

Es siempre el mismo:
está de pie a mi lado

en el claro del bosque,
con sangre en la mejilla

de conejo o de ciervo.
Apenas soy consciente

de mi carne insumisa
y el deseo y sus trampas,

las pruebas que le envía.
Los brazos y los hombros

desnudos, suelto el pelo,
altos los duros pechos

y bajo un cinturón
de cuchillos y anzuelos,

esa herida desnuda.
Cada noche lo mismo:

el espolón cortado,
el pandeo debajo.

Me despierto en su cuerpo
quebrado, como un arma.

*

Robin Robertson
/versión de Aurelio Asiain

La música de lo que pasa

Canción

Muchacha con carmín, ese serbal.
Y entre el camino real y el secundario,
goteantes en la húmeda distancia,
altos entre los juncos, los alisos.

Hay flores en el barro del dialecto
y en el tono perfecto siemprevivas,
y ese instante en que el pájaro que canta
sigue la música de lo que pasa.

Seamus Heaney

*

Es la segunda vez que traduzco este poemita. Mi primera versión tenía rimas, que surgieron naturalmente y sigo pensando que a una canción no le van mal, pero no están en el original. He conservado solo la última. No estarán de más un par de observaciones.
El serbal y el alisio son dos árboles importantes para la mitología celta. Según ciertas leyendas irlandesas el primer hombre provino del aliso y la primera mujer, del serbal. Así, la visión de la muchacha con carmín, brotada del rojo vivo de los frutos del árbol, alude además a un sustrato mítico. Las siemprevivas son las flores que así se conocen en México y en otros países como inmortales, flores de paja, flores de papel: helichrysum bracteatum. Imagen no de la eternidad sino de lo perdurable.
La última línea cita la frase del gigante mítico Fionn mac Cumhaill, que desafió a sus seguidores, los fianna, guerreros y poetas, a decir cuál era la mejor música del mundo, y les aclaro que no era ni el canto de la alondra, ni la risa de la muchacha, ni el bramido del ciervo, sino “la música de lo que pasa” —la música de las esferas, pero tal como suena en la lluvia o el arroyo.
No es necesario explicar que los ocho versos expresan un arte poética.