Preparación del banquete

Más comida. “Un bodorrio” es la primera de las tres partes de un romance costumbrista. Describe —apenas describe: es casi solo una enumeración golosa— la preparación del banquete.

UN BODORRIO


El comal está que se arde
de entrantes y de salientes,
arman gresca los muchachos
y arman trajín las mujeres:
se miran en los morillos
colgados trozos de reses,
y trajeron un carnero
para tan grande banquete.
Hay robustos guajolotes
que se engordaron con nueces
y hay a manojos los pollos
y cinco pares de liebres:
por allí baten tamales;
allá se hace el mole verde;
los pulques se confeccionan
por la gente que lo entiende,
y habrá de huevo y de tuna,
de apio y fresas, y con nieve;
por aquí chillan los pollos,
allá suenan almireces;
si las ollas roncan gordo,
alborotan las sartenes,
y se repican los cazos;
las cacerolas alegres
alternan con los metates
do las especias se muelen:
son volcanes las hornillas,
y hay humo y chispas que suelen
remedar de una batalla
la animación que conmueve.
Por un lado, en amplia rueda,
en el suelo se aparecen
los que parten los piñones
y los que parten las nueces;
Por el otro, palo en mano,
batiendo se desfallecen
los que la clara de huevo
tornan en turrón de nieve;
por allá pulcras pollitas
con leve mano guarnecen
los platones de cocada,
los gratos antes de leche,
y, con cucharón en mano,
desmelenada y con fiebre,
la directora de escena
frente al brasero aparece
como el genio de los guisos,
como un general en jefe
que grandes planes realiza
y que grandes masas mueve.