Slavoj Žižek según John Gray: palabras finales

por aurelio asiain

Habrá quienes tengan la tentación de condenar a Žižek como un filósofo del irracionalismo cuya alabanza de la violencia recuerda más a la extrema derecha que a la izquierda radical. Sus escritos suelen ser ofensivos y a veces obscenos (como cuando habla de un Hitler presente “en el Judio”). Hay una frivolidad burlona en los himnos de Žižek al terror que recuerda al futurista italiano ultranacionalista Gabriele D’Annunzio y al compañero de viaje fascista (y luego maoísta) Curzio Malaparte, más que a cualquier otro pensador en la tradición marxista. Pero hay otra lectura de Žižek, que puede ser más plausible, en la que no es tanto un epígono de la derecha como un discípulo de Marx o Lenin.

“Sea o no la visión de Marx del comunismo “la fantasía capitalista inherente”, la visión de Žižek —que aparte de rechazar las concepciones anteriores carece de cualquier contenido definido— está bien adaptada a una economía basada en la producción continua de productos novedosos y experiencias, cada uno supone que es diferente de cualquier otro que ha pasado antes. Con el orden capitalista imperante consciente de que está en problemas, pero incapaz de concebir alternativas viables, el radicalismo sin forma de Žižek es ideal para una cultura atravesada por el espectáculo de su propia fragilidad. Que no debe haber este isomorfismo entre el pensamiento de Žižek y el capitalismo contemporáneo no es de extrañar. Después de todo, solo una economía como la que existe hoy podría producir un pensador como Zizek. El papel de intelectual público mundial que Žižek desempeña ha surgido junto con un aparato de medios de comunicación y una cultura de la celebridad que son parte integral del modelo actual de expansión capitalista.

En una prodigiosa hazaña de sobreproducción intelectual Žižek ha creado una crítica fantasmática del orden presente, una crítica que pretende repudiar prácticamente todo lo que existe en la actualidad y en cierto sentido realmente lo hace, pero que al mismo tiempo reproduce la dinámica compulsiva y sin sentido que percibe en las operaciones del capitalismo. Al obtener una sustancia engañosa mediante la reiteración de una visión esencialmente vacía, la obra de Žižek —ilustrando perfectamente los principios de la lógica paraconsistente— se reduce al final a menos que nada.”

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Así concluye la reseña de los dos últimos libros de Žižek que publica John Gray en The New York Review of Books. Se lee completa aquí.